EL ALZHEIMER

Me enamoro cada día unas ocho veces. Lo malo de ser tan enamoradizo es que también acabo desengañado el mismo número de veces. Cuando digo enamorarme ocho veces, no digo de ocho mujeres distintas. A veces es de una sola, pero en ocho cuerpos diferentes. En el metro, por ejemplo, puedo llegar a enamorarme de la taquillera, de la vigilante de seguridad, de la revisora que te pide el bono metro esperando pillarte “de marrón”, de la ejecutiva gris de la línea 9 (también gris), de la estudiante universitaria que espera en el andén mirando frenéticamente los mensajes en su iPhone, de la inmigrante que regresa de limpiar una casa que no es la suya con su ropa de trabajo en una bolsa de plástico del Carrefour reutilizada ochenta veces, de la joven madre emprendedora que vuelve al hogar con el tiempo pegado al culo esperando ver a su bebé despierto antes de que lo acueste la chica polaca que lo cuida, de la embarazada que aguanta estoicamente el trayecto de pie mientras un adolescente ocupa un asiento y se hace el “longuis” disimulando mirar la pantalla de su mp3…soy capaz de enamorarme de todas ellas en un plis-plas. Me basta con sólo una mirada, un roce, oler su perfume o escuchar su voz. Si fuera cierto eso de que Cupido lanza flechas de amor para materializar lo inmaterializable, mi cuerpo tendría más saetas clavadas que el mismísimo San Sebastián. Lo malo es que mi corazón tiene tan poca memoria como mi memoria tiene poco de corazón y al salir a la superficie por la boca del metro me hace olvidar los sentimientos que segundos antes bajo tierra me atravesaban de parte a parte.

En la oficina me pasa lo mismo, pero allí cometo errores cada día ocho veces e incluso alguna que otra más. Aún tengo los dedos marcados en mi mejilla del guantazo recibido por la secretaria de dirección al declararle mi amor la semana pasada y confundir su nombre con el de la recepcionista. Es el peaje que hay que pagar cuando el alzheimer hace acto de presencia en tu vida y te olvidas de todo menos de lo más importante: amar. Si un día inventan una pastilla para su cura, espero olvidar tomar la medicina. Mejor no saber quien soy a olvidar sentir.

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