EL CORDONCILLO DE LOS LIBROS

Estoy leyendo un libro de los caros. Se ve a primera vista por la pasta dura y por la pasta que me ha costado. Y también porque los libros caros vienen con cordoncillo. El cordoncillo es esa cuerda minúscula que se pone en la entrepierna de las páginas para saber por dónde tienes que empezar a leer la próxima vez que lo abras, si lo vuelves a abrir, claro. Nunca entendí la finalidad real del cordoncillo. Vale, acabo de decir que es para “marcar” la página, pero eso ya lo puedes hacer doblando la esquina o si tienes memoria, recordar el número que aparece casi siempre abajo en el centro o a la derecha, las menos. El cordoncillo del libro que me estoy leyendo es una especie de mechón pelirrojo despeluchado por una punta y sujeto al lomo por la otra. Es como un entramado de hilos que sirven para, precisamente, no perder el hilo. ¿Qué sería de una novela histórica sin su cordoncillo? Y, por ejemplo, ¿de una novela negra?, si no fuera por su correspondiente cordoncillo, estaríamos condenados a repetir la historia, o encontraríamos al asesino antes de haber cometido su crimen.

Cuando recupero la lectura de mi libro de edición de las caras, suelo dejar caer el cordoncillo hacia adelante. Es como si él hiciera “puenting” asido al encolado del lomo. Mientras se divierte en su vaivén, mis ojos también van haciendo “puenting” saltando de línea a línea y página tras página. Llegada la hora del descanso, cierro el libro y mi amado cordoncillo comienza a trabajar indicando exactamente la página que deberé retomar al día siguiente. Digamos que cuando él vuelve a casa, comienza a trabajar y cuando trabajan mis ojos es cuando él se divierte.

El libro que estoy leyendo es una biografía de un antiguo piloto de fórmula uno escrita por él mismo. Lo que viene a conocerse como autobiografía, vamos. Gracias al cordoncillo, consigo cronológicamente seguir el hilo de la vida de su autor sin saltarme un solo año de su vida. Con lo despistado que soy, si no fuera por el simple mechón carmesí de hilos entrelazados, podría pasar de la adolescencia a la futura muerte de tan insigne piloto sin darme ni cuenta. Media vida en manos de un cordoncillo ¿Cuánta responsabilidad, no?. Qué fuerte.

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