FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR

Tengo un amigo que bebe como un cosaco. Nunca he visto a ningún cosaco beber, pero si un día me cruzara con alguno por la calle le invitaría a un par de cañas por si le encontrara algún parentesco con mi amigo. No sé a qué viene eso de decir “bebe como un cosaco”. Dicho así, con ese tono despectivo, como si fuera algo malo o contagioso o las dos cosas a la vez. Mi amigo bebe tanto como mucha de la gente que conozco, incluyéndome a mí. Pero parece ser que el cosaco es él, y los demás son de otra etnia, nacionalidad o país de nacimiento. Cuando quedamos para hablar de nuestras cosas, lo hacemos en el bar de toda la vida, uno que hay a medio camino entre su casa y mi oficina. Allí hablamos de nuestro trabajo, él del suyo y yo del mío, de nuestros hijos, él de los suyos y yo de los míos, y de nuestras mujeres, él de la suya y yo también de la suya. Con tanto tema de por medio, es normal que de tanto hablar se seque la boca, por eso solemos enjuagarla con una Coca-cola y un chorrito de ron para quitarle el sabor dulzón que tiene la fórmula más desconocida del mundo, pero que todo el planeta bebe en cantidades ingentes. Si un día nos dijeran de qué está hecha la Cocacola, estoy seguro de que más de uno dejaría de beberla. Por eso, casi mejor no saberlo. El caso es que habitualmente mi amigo y yo nos vemos tres veces por semana y siempre a la misma hora. En el mismo sitio, hablando de lo mismo, bebiendo lo mismo y en las mismas cantidades. Pero el que lleva el “sanbenito” de beber como un cosaco es él y no yo. La semana pasada fue despedido de su trabajo por llegar ebrio a la oficina. Y por lo visto no era la primera vez. Vaya solemne tontería, dije para mí. Yo he llegado totalmente pedo más de una vez a la oficina y nunca nadie ha tenido los santos cojones de decirme nada. Aunque eso debe ser porque no se me nota. Ni siquiera mi secretaria se da cuenta. Cada mañana llego a mi despacho tras desayunarme dos “Solysombra” en lugar de café y tres chupitos en lugar de galletas María Fontaneda y consigo hacer bien mi trabajo como jefe personal. Y como jefe de personal que soy, tengo que dar ejemplo. Y nada mejor para dar ejemplo que despedir a esos que beben como cosacos, aunque uno de ellos sea tu mejor amigo. Me da que a partir de ahora beberé solo. No mola ser jefe. Por cierto, feliz día del trabajador.

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