LAS NOCHES DE ORTEGA

Padezco de insomnio. Qué se le va a hacer. Sé que miles de personas también, pero a mí me mola. Eso de no dormir tiene su punto. Las 24 horas del día se convierten en 48. Y si, tal y como dice el refrán, “a quien madruga Dios le ayuda”, imagínate todo lo que te puede ayudar Dios cuando ni siquiera te metes en la cama. Los que somos incapaces de cerrar los ojos, el nivel de información que asimilamos se multiplica por 10 y en consecuencia el cerebro permanece activo más tiempo y por consiguiente (como decía el expresidente Felipe) el porcentaje de uso de materia gris pasa del 10% al 85% (este dato me lo acabo de inventar, pero como nadie se va a molestar en corroborarlo, ahí queda).

Para tratar de llenar las noches de insomnio con información que incremente mi capacidad cerebral, suelo escuchar un programa de radio en la cadena SER llamado “Las noches de Ortega”. Les daré una pista, es un espacio radiofónico nocturno de llamadas telefónicas que parodia a los programas radiofónicos nocturnos de llamadas telefónicas. Lo que podríamos definir “metaradio”, o sea, radio que habla de radio hecha en la radio. El programa lo dirige un tal Juan Carlos Ortega, que además de ser tocayo mío comparto con él amor por las ondas. No nos conocemos personalmente, sólo de oídas (aquí hablo literalmente), pero he de reconocer que el Ortega ése es un cachondo mental. Durante algo menos de 60 minutos mantiene el tipo ante los testimonios de radioyentes que contactan con él (en ocasiones en el sentido físico de la palabra) para resolver, compartir, aclarar y despachar asuntos de su vida privada. Todo es ficticio, claro, ya que se trata de un espacio de humor, pero lo que dicen parece más real que el “Hablar por hablar” de Macarena Berlín, que ya es decir. Personajes desquiciados realizan confesiones inconfesables (valga la redundancia) mientras mantienen conversaciones hilarantes con Ortega en vivo y en directo. Un alarde de creatividad radiofónica y de elevado sentido del humor que alegra el alma en los momentos tan difíciles que vivimos y quitan el sueño a la mayoría de los mortales (especialmente el programa que se emite al comenzar la madrugada). Siento que muchos de ustedes se lo pierdan ya que la hora intempestiva de emisión coincidirá con su primer momento REM. Pero si, al igual que me ocurre a mí, padecen de insomnio ya sea por las consecuencias de la dichosa crisis o porque les mole estar despierto 24 horas al día (como es mi caso) les recomiendo que lo escuchen. Por probar que no quede, y si no les gusta, siempre pueden continuar pensando en lo triste que puede llegar a ser todo en este mundo en el que no te ayuda ni Dios. Ni siquiera por mucho madrugar. Al menos, siempre nos quedará la radio.

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