LARGA VIDA AL HEAVY METAL

Ya conocen ustedes mi poca afición a tocar las narices a los animales. Es algo que nunca me cansaré de pregonar, justo al contrario de lo que hacen los pregoneros en las fiestas de los pueblos, que alzan su voz a los cuatro vientos anunciando el número vaquillas que servirán para echarse unas risas en los encierros antes de echarlas a la cazuela. Por eso no creo que me inviten nunca a dar un pregón. Aunque total, para lo que pagan, prefiero seguir diciendo lo que pienso y no lo que esperan oír los oídos del alcalde de turno ni sus secuaces concejales. Tampoco me gustan los zoos, ni los acuarios gigantes, ni los circos tradicionales con tigres de Bengala y focas amaestradas, ni por supuesto las corridas de toros. He de reconocer que la estética del circo me parece bellísima tanto o más que la estética taurina. Pero eso de sacar a un león de la selva africana para hacerle saltar por un aro de fuego, o sacar a un toro de la dehesa extremeña para meterle en el coso y luego coserle la espalda con banderillas, no es que me haga mucha gracia, y me imagino que a los pobres animales tampoco. Me causa más placer visual los leones de un documental de La 2 cazando cebras en la sabana que ver al Ángel Cristo de turno metiendo su jeta entre las fauces de un félido. O mirar a un astado a la sombra de un alcornoque extremeño que corriendo asustado tras el banderillero que acaba de incrustarle siete centímetros de acero en el lomo. Porque para banderillas me quedo con las que ponen en el bar de la esquina, que con una cañita bien fresquita están de muerte. Lo malo es que el efecto de las banderillas en el toro es literal y en mi paladar es placer gastronómico. Nunca he ido a las Ventas a lo que suele ir la gente para ver aquello para lo que se construyó dicha plaza. Si he ido alguna vez, ha sido para ver algún concierto en época estival. Que como sitio para conciertos tampoco está tan mal. Por eso, yo sustituiría las corridas de toros por conciertos de heavy metal. A los conciertos de heavy metal también van miles de personas, también se ven cuernos y también se escuchan berridos, con la ventaja de que no se hace daño a nada ni a nadie. A diferencia de las corridas, donde como poco sale mal parado el toro y alguna que otra vez un torero o algún banderillero, las menos. Por hacer comparaciones, hasta también hay luces, especialmente cuando vienen los AC/DC que siempre traen un show de focos que lo flipas, más aún si cabe que las luces de los trajes de las corridas goyescas.

Si se sustituyera a los banderilleros por un concurso de recortes, los puyazos del rejoneador por saltos de toreros portugueses y al final se indultara al pobre toro, puede que hasta asistiera a alguna corrida que otra. Eso si no me coincide con una actuación de los AC/DC que no son tan guapos como Cayetano Ribera, pero suenan bastante mejor.

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