EL ENCARGO

Me han encargado escribir un artículo sobre las relaciones amorosas en la actualidad. No más de seiscientas palabras incluyendo espacios, comas, puntos, puntos y coma, dos puntos, comillas, guiones y cualquier otro signo de puntuación que cuente como palabra. Suena raro, ¿verdad? Pero es lo que me han dicho y como soy muy obediente, he dicho que sí a todo. Lo primero que he pensado es la relación entre una palabra y un signo de puntuación. Creo que nada tiene que ver una palabra como por ejemplo “amor” con una coma o un guión. Los signos de puntuación tienen una función muy clara, del mismo modo que la palabra amor tiene su función también muy clara. Otra cosa es la relación entre ambos conceptos. Si tras amor hay un “punto”, la función es evidente: amor y punto. Si el amor va precedido de “dos puntos”, la cosa cambia: el amor es el resultado de algo. Si leemos “coma amor”, el sentimiento forma parte de un todo. Pero según el encargo que me han hecho, da igual que da lo mismo. “Lo importante es que el artículo no supere las seiscientas palabras” aparecía subrayado en el fax recibido. Podría sustituir el “amor” por un guión y contaría como una palabra cualquiera. Sería una rayita de apenas dos milímetros de tinta azul de boli Bic sobre un papel tamaño DIN A4. Como una cicatriz sobre una hoja en blanco. Que pensándolo bien, es lo que suele dejar el amor en el corazón cuando desaparece. Una cicatriz con forma de rayita cuyo tamaño aumenta o disminuye en función del tiempo, como si fuera un ser vivo con autonomía propia.
Nada es más estresante para un escritor que recibir un encargo limitado por el número de palabras. Está claro que vivimos en un mundo en el que importa más lo que ocupas que lo que eres. Conducir un vehículo cuatro por cuatro para doce ocupantes importa más que un utilitario biplaza, independientemente si al volante va un premio Nobel o el delantero de un equipo de fútbol de primera división. Estoy convencido de que a un Nobel nunca le encargarían un artículo con límite de palabras, del mismo modo que tampoco se lo encargarían al delantero. Al primero le faltaría espacio para expresarse y al segundo le sobraría, y mucho.
A falta de encontrar un Nobel o un futbolista, el encargo me ha caído a mí y eso que cualquiera de los dos anteriores podría ofrecer más contenidos para el tema del artículo que yo. Por eso, recurriré a las experiencias personales en cuanto a relaciones amorosas se refiere y llenaré la hoja en blanco de guiones y guiones. Seiscientos concretamente.

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