ODIO LOS ANIVERSARIOS

Los aniversarios tienen ese no sé qué que a algunas mujeres fascina. Y no me refiero a los aniversarios que conmemoran nacimientos o muertes de personas ilustres como Gandhi, John Lennon o Keith Richards, que aunque no se haya muerto parece que lo esté y que (también por otro lado) debería dejar por escrito el donar su cuerpo a la ciencia el día que ocurra, más que nada para saber el grado de responsabilidad del consumo de estupefacientes en su longevidad. Pero a lo que iba que me estoy liando, que lo que realmente fascina sobremanera a algunas mujeres, o sea, a las esposas y muy especialmente a la mía, son los aniversarios de boda, a los que hay que sumar, los del “día que nos dimos el primer beso”, “la semana del viaje de novios en un resort de Cancún” (sin salir de la habitación, aclaro), los del “año que nos fuimos a vivir juntos”, los “aniversarios de nuestra primera cita” y así hasta una treintena de conmemoraciones que he llegado a contabilizar como marido, amante y fiel esposo, es decir, como cónyuge.

Por la parte que me toca en mis distintos roles afectivos maritales, todas esas fechas de aniversario me las suelo pasar por el forro deeeeee..el olvido. Hecho que en mi querida esposa genera furia desmedida y a mí me causa bastante entretenimiento, su furia, quiero decir. Los aniversarios que nunca olvidamos los maridos, amantes, esposos y novios son aquellos en los que nos han dado calabazas, por decirlo finamente. Especialmente aquellos que conmemoran momentos en los que nos han dicho eso de: “Te quiero, pero sólo como amigo”. De esos momentos conservo en mi memoria unos cuantos y en el corazón otros tantos más que recuerdo con más frescura que los que almaceno en el cerebro. Igualmente los suelo festejar puntualmente cada año, pero lo hago solo, doble y con hielo. A diferencia de los que celebro con mi mujer, en los que yo pongo la compañía y ella el frío hielo.

Así lo llevamos haciendo repetidamente cada uno de los 17 años que llevamos siendo marido y mujer. Puede que la razón por la cual nuestro matrimonio funcione sea por los dichosos aniversarios que mi mujer se empeña tozudamente en celebrar cada dos por tres. Porque en cada uno de ellos, ella siempre me declara su amor con la misma frase: “Te quiero, pero sólo como marido”.

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