LA PALABRA SEXO EN EL TÍTULO VENDE MÁS

“Sexo, sexo, mucho sexo.” Eso es lo que me recomienda mi editor. Si me lo hubiera dicho el doctor, lo interpretaría como una prescripción médica y por lo tanto, acto de obligado cumplimiento. Pero no ha sido mi médico de cabecera quien me lo ha espetado, sino mi editor. Y cuando algo así te lo recomienda un señor de traje y corbata desde su despacho de las Torres Kio en lugar de un señor vestido con bata blanca en el ambulatorio del barrio, no tiene el mismo sentido, ni el mismo beneficiario. En la relación que mantengo con mi editor, el sexo lo pondré yo (en las páginas de lo que escribo) y él pondrá la mano (las dos juntas, si las ventas van bien). Desde que surgió la oportunidad de publicar un libro que recogiera mis artículos de mayor éxito publicados en prensa, la amistad existente entre mi editor y yo ha mutado. Si él antes me veía como “ese amigo que escribe” y yo como “ese amigo que me publica”, ahora me ve como “ese tío que me va a hacer rico” y yo como “esa rata de alcantarilla que se aprovecha de mi talento para llenarse el bolsillo de billetes sin dar un palo al agua”. El dinero es como el ácido, todo lo corrompe. Ni siquiera una marabunta de termitas, o una plaga de langostas es capaz de destruir tanto en tan poco tiempo como lo hace el dinero. En el fondo, las termitas y las langostas hacen lo que hacen porque es su naturaleza. Pero el ser humano que nació siendo inocente y creció siendo educado, puede llegar a la edad adulta soltándote a la cara: “sexo, sexo, mucho sexo”, con el fin de obtener el mayor beneficio y sin tener en cuenta el daño que pueda causar al que escribe, o sea yo, o al que lee, o sea, usted.

Ya lo decía el gran don Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos: “poderoso caballero es don dinero”. Todo lo que toca, lo transforma. Hasta lo más puro, como el amor. Cuando hay dinero de por medio, hacer el amor se transforma en otra cosa y se llama prostitución. Y pensándolo bien, a la escritura le ocurre lo mismo cuando hay dinero de por medio. Escribir la palabra sexo en el título garantizaría un aumento de ventas, me dice el proxeneta de mi editor. Y le voy a hacer caso. Porque como escritor que soy, lo que quiero es que me lean y mi editor, como editor que es, lo que quiere es ganar más dinero. Por lo tanto, puede que lo mejor para todos sea meter sexo, mucho sexo. A lo mejor es por eso por lo que me llevo tan bien con las putas de mi barrio, en el fondo no somos tan diferentes. Maldito parné.

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