TOMA CACHETE EN EL CULO

Venimos al mundo para ser infelices porque nada más llegar, lo primero es hacernos llorar. Desde el instante en el que llegamos, vemos el mundo a través de nuestras propias lágrimas. ¿Y qué vemos? A nuestra madre, también llorando. Con apenas unos minutos de edad, somos incapaces de distinguir si nuestra madre llora de alegría o de sufrimiento. Aunque lo que sí sabemos, es por qué lloramos nosotros: Nos acaban de arrear un cachete en las nalgas de padre y muy señor mío, como para no echarse a llorar. A partir de ese momento comenzamos a sentirnos culpables de todo: ¿Qué coño habré hecho yo al señor de la bata blanca para que me suelte semejante azote? ¿Seré yo quien habrá hecho derramar lágrimas a mi madre? ¿Por qué mi padre pone esa cara de desencajado cada vez que me mira? ¿Acaso no soy yo lo que esperaba?

Con el paso de los años, no sólo aumenta nuestro peso y tamaño. En la misma proporción, aumentan nuestras preocupaciones y nuestra culpabilidad. Al tomar la primera comunión, nos angustia si el pacto que sellamos tragándonos un insípido cacho de papel redondo realmente nos garantiza un lugar en el reino de los cielos. Al dar el inocente primer beso a una chica, nos sentimos culpables por no saber realmente si hemos estado a la altura. Al echar el primer polvo, nos inquieta satisfacer las expectativas y nos acojona sentirnos heridos en nuestra masculinidad en el caso de que no sea así. ¿Y qué me dicen cuando decimos “sí, quiero” en el altar? La lista de preocupaciones se puede leer en cada rostro de los invitados, especialmente en el de los suegros. Y con el paso de los años, suma y sigue.

En fin, una cadena de culpabilidades que dan comienzo con una bofetada en la sala de partos de un hospital. Dicen que ese cachete es para activar nuestro organismo una vez salidos del vientre materno. El impacto de la palma de la mano en el culete del recién nacido provoca una reacción que se traduce en una señal que a su vez desemboca en llanto. El sollozo tranquiliza a la madre, padre y cuerpo médico interpretándose como que todo ha salido bien, por lo que no hay que alarmarse. ¿Qué quieren que les diga? Si buscan una reacción, las cosquillas consiguen el mismo efecto y hasta ahora no conozco a ningún médico que vaya por ahí haciendo cosquillas a los recién nacidos para confirmar que todo ha salido bien. Si ustedes conocen alguno, díganmelo. Es que mi mujer sale de cuentas el viernes que viene y estoy empezando a preocuparme porque no quisiera sentirme culpable por no haber encontrado en estos años una solución para mejorar la vida de mi futuro hijo que no sea recibirle con un cachete en el culo nada más llegar a este mundo. Qué humanidad.

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