LA POLÍTICA Y EL HUMOR NEGRO

Desconocía que el humor tuviera colores. Había escuchado chistes verdes que eran aquellos que nos contaban a los niños en los años 80 y que sabíamos que eran para adultos porque hablaban de culos y tetas. No me digan por qué, pero hasta que siendo adolescente no le vi los pechos a una chica por primera vez, estaba convencido de que la tetas eran de color verde. Supongo que pensaba eso por el color verde de los chistes verdes o por las asociaciones que hace inconscientemente la mente humana que juega pasadas incomprensibles hasta para la mente más humana, como la de Stephen Hawking, por ejemplo.

Con el paso de los años, el humor verde de los chistes verdes dejó de estar de moda y acabó por imponerse el humor negro. Para los que no estén al tanto de las modas ni de los colores del humor, les diré que el humor negro es un tipo de humor que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra perspectiva, piedad, terror, lástima o emociones parecidas. La definición, no es mía, la he copiado de la Wikipedia, y lo he hecho porque, al igual que los chistes verdes, ahora tampoco está de moda mirar en un diccionario el significado de las cosas. El caso es que el humor negro está presente en el cine, en la televisión, en la literatura, en el comic y desde hace décadas. El humor negro parece que está en todos lados, menos en la política, que curiosamente, es el sitio más negro que existe y el ecosistema más indicado para que habite el humor negro. Parece ser que en política el humor negro no es políticamente correcto. Aunque mejor habría que decir que para el humor negro, la política no es lo suficientemente correcta. Son muchos los casos de políticos que han intentado hacer humor negro en política y han pagado con su cargo el atrevimiento. A eso se le llama justicia poética. Es como si un humorista se dedicara a hacer política desde su oficio de humorista. Pero después he revisado las actuaciones de Miguel Gila en Youtube, y me he dado cuenta que si como humorista no tenía precio, estoy convencido que como político hubiera hecho un gran servicio a la sociedad. No sé si como presidente, alcalde, concejal, senador o procurador, pero allá donde hubiera ejercido su humor negro, la política hubiera salido ganando, y en consecuencia, la ciudadanía.

Hace 14 años que Miguel Gila nos dejó para siempre. Con él también perdimos el humor negro que nos hacía reírnos de todo y de todos, y muy especialmente de nosotros mismos. Desde entonces, nuestra vida es casi tan negra como el humor negro que muchos políticos pretenden quitarnos después de habernos quitado todo lo demás. Por eso, les pido que no pierdan el humor, ya sea negro o verde. A día de hoy es lo único que nos queda para soportar la tristeza que nos rodea. Sonrían, por favor, que la vida es breve.

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