EN LETRITA PEQUEÑA

Camino de la oficina, sentado en el metro, voy leyendo el periódico El País. Después de ojear el vagón y hojear las páginas dedicadas a la política nacional, la internacional y a la política que no es política, llego a la sección más interesante, la de contactos. Esas páginas con letritas diminutas donde chicos buscan chicas, chicas buscan chicos, chicos buscan chicazos y algunos buscamos hacer tiempo antes de llegar a nuestro destino, que a veces es Ibiza, otras Oporto y la mayoría de ellas lugares menos exóticos como simplemente nuestro lugar de trabajo. Alguien sentado junto a mí, asoma la cabeza por encima del hombro y entre dientes susurra lo desesperado que hay que estar para buscar compañía en esas páginas con letrita pequeña. Le contesto que no es un tema de desesperación. Y me replica que con una sonrisa bastaría para ir con la persona deseada al cine o a tomar un café y sentarse a charlar o lo que surja. Y yo le vuelvo a contestar que a veces con una sonrisa no es suficiente, que va más allá de todo eso y que es una cuestión de simple necesidad. Necesidad de compartir, de mostrar, de enseñar, de aprender, de escuchar y ser escuchado. Son tantas cosas y todas tan necesarias para algunos seres humanos faltos de cariño, que quizá por eso se escriben en letrita pequeña. Porque en esta vida lo más importante también se dice bajito y al oído. Y que yo sepa, nadie va gritando por ahí lo feliz que es y ni lo enamorado que está. Porque a decir verdad, no son muchas las personas que están felices o enamoradas de alguien. Y que cuando no tienes a nadie con quien compartir, es necesario escribir esa necesidad y a ser posible en letrita pequeña. Todo eso le dije al señor, que se levantó de su asiento dejándome con la palabra en la boca a la altura de Sevilla. Pobrecillo, pensé mientras por megafonía se anunciaba la llegada del vagón a Buenos Aires. Para sentirse tan seguro de sí mismo y alardear del poder de atracción de su sonrisa, parece que no ha demostrado ningún interés por nada de lo que he dicho. Si se ha comportado así conmigo, no quiero imaginar el interés que pondrá cuando encuentre a una persona con quien charlar, o ir al cine o a tomar una café o lo que surja. Aunque, en su caso, si nada de eso funcionara, siempre podrá recurrir las páginas de contactos del periódico, donde por un puñado de euros, se tiene todo el cariño que una simple sonrisa no puede lograr. Aquí les dejo, que he llegado mi parada: Retiro.

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