PASO DE LOS HIJOS

Creo que no voy a tener hijos en mi vida. Ando ya por la cuarentena y aún no he sentido esa llamada de la naturaleza que dicen aporrea la puerta de tu conciencia y te induce a dejar preñada a tu mujer, a tu novia o a tu amante y no por ese orden, precisamente. Dicen que las mujeres escuchan esa llamada antes que los hombres, aunque eso creo que es porque los hombres nacemos con el umbral de audición sin desarrollar y no somos capaces de escuchar nada que esté por debajo de los 10 decibelios. Como prueba, no hay más que estar atento al volumen al que escuchamos los partidos de fútbol por la televisión. Si los locutores de Canal Plus susurraran los regates de Cristiano Ronaldo, esa cadena de televisión no llegaría ni a los diez abonados. Si quieren otra prueba más, métanse una tarde de domingo en el cine a ver cualquier película de acción, el género favorito masculino por excelencia. Pueden contabilizarse más explosiones, bombardeos, disparos, choques, golpes y porrazos en los 120 minutos de duración de una película “made in Hollywood” que en los 116 años que duró la guerra de los 100 años (no entraré a explicar esta incoherencia numérica, mejor en otra ocasión).

A lo que iba, que los hombres en edad de merecer, entre los que me incluyo, tardamos en reaccionar cuando tenemos que poner de nuestra parte a la hora de procrear. Pero no crean que lo hacemos por decisión propia, es algo innato, está en nuestra genética “machculina” (este palabro me lo acabo de inventar, no lo busquen en Google). A los tíos nos tienen que empujar un poco desde fuera de casa y ya nosotros nos encargamos de continuar la inercia dentro del dormitorio. La primera en empujar la ficha del efecto dominó, siempre es la suegra. Es de las que no se anda por las ramas y va al grano con frasecitas tipo: “Vete dando prisa que a esta niña se le pasa el arroz” o preguntas como: “¿Y cuándo me vais a hacer abuela?”. Que para qué tanta prisa, digo yo. Ni que esto fuera una competición. Y después de la brasa que te mete la suegra, están tus amigos, los amigos de tus amigos y todos esos que acaban de ser papás aunque no sean amigos ni amigos de tus amigos. Son una secta. Cuando nos juntábamos antes para tomar una caña, solíamos hablar de fútbol, de las tías del curro, de las amigas de las tías del curro que les gusta ver fútbol…pero ahora, que si pañales por aquí, vomitonas por allá, que si hoy no he pegado ojo por los llantos del bebé… Sólo hay que ver sus ojeras para darse cuenta de que están bajo los efectos del insomnio que para ellos debe ser como una droga o algo así. Y claro, quieren engancharte a ti también, pero como yo no soy de drogas duras, resisto la tentación.

No es que no quiera tener hijos, de verdad. Ser padre debe ser lo más maravilloso del mundo, aunque sólo sea para probar, según dicen, el sabor de los huevos (esto lo digo por lo del refrán, por si hay algún lector despistado). Aunque para llegar a ser padre, encontrar primero novia me ayudaría bastante. Y para eso debería recibir alguna llamada. Con que sea de teléfono me vale, la de la naturaleza, seguro que viene después.

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  1. Nicolas Gless

    Bien, Mon, pero así no arreglamos lo de las pensiones de la Seguridad Social (tampoco es que los que nazcan tengan asegurado un salario de mierda…).

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