MI VIDA NÓMADA

Llevo viviendo de prestado desde que allá por el Septiembre de hace dos años, la que era mi mujer decidió abandonarme. No sólo me abandonó a mí y conmigo la vida que compartíamos juntos, también decidió abandonar la casa que cohabitábamos con todo lo que en ella había incluida. Allí dejó su ropa de verano, de invierno, de otoño y de entretiempo, esa estación meteorológica que no figura en ningún mapa climático pero a la que El Corte Inglés tiene dedicada una sección entera. Concretamente en la planta séptima, entre la juvenil y la de caballero.

Están siendo meses de vida nómada, de acá para allá, con lo justo y necesario en una maleta de no facturar, aunque es la salud de mi espalda la que está pagando desde hace 24 meses la factura de la separación. Hoy me toca dormir en el sofá de un amigo, que de vez en cuando me presta para echar una cabezadita cuando no tiene planes con la chica con quien suele verse dos o tres veces por semana. Aprovecho para darme una ducha, afeitarme y hasta para cortarme las uñas de los pies, que de tanto ir cabizbajo por la vida parece que crecen más. En el trabajo nadie sabe de mi situación, más que nada porque tampoco tengo trabajo, aunque si lo tuviera tampoco habrían querido darse cuenta. Cuando se trata de temas del corazón, la gente prefiere apartarse no sea que algún sentimiento salpique y manche su ropa de esas emociones que no salen ni con Ariel Ultra. Todos se apartan. Los primeros en hacerlo fueron nuestros amigos comunes, que al igual que todo lo que había bajo el techo de la casa, compartíamos casi a diario. No he vuelto a saber de ellos, ni ellos de mí, supongo que porque aún no me ha dado por ser entrevistado en la tele por los del programa Callejeros de Cuatro, pero al paso que voy, poco faltaría para que se enteraran de mi nuevo estilo de vida. De tanta vida nómada a la que me veo avocado, la verdad es que le estoy cogiendo su punto. Ya me sé las bocas de metro por donde colarme sin ser visto, los contenedores con ropa usada de mi talla y hasta los aseos públicos donde asearme cada mañana para volver a ser persona. No los voy a mencionar aquí porque en esto de la vida nómada somos más de los que imaginas y no quiero dejar de ir bien vestido, aunque sea llevando calcetines de distinta talla y color. Qué vida esta.

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