EL TAMAÑO NO IMPORTA

Siempre he oído eso de que el tamaño no importa. Parece una frase hecha, y de hecho lo es. Y también es una frase extraída de contexto. Además de la obligación moral de ponerla en el contexto del que ha sido extraída para comprenderla en la extensión de su magnitud, también habría que definir, a ser posible por comparación, la dimensión y medida del tamaño para saber lo que se entiende por grande y lo que entendemos por pequeño. Cuando escuchamos por primera vez que el tamaño no importa, todos sin excepción le otorgamos un único contexto. Que conociendo las mentes calenturientas de hombres y mujeres sin excepción, lo primero que nos viene a la cabeza es siempre “ese” mismo contexto (independientemente de con quién y cuántos lo practiquen, cuándo, dónde y por qué).

No sé si por llevar la contraria o por mi conocida afición a la desobediencia, yo afirmo rotundamente que el tamaño sí que es importante. Porque si no lo es, lo importante será otra cosa que a lo mejor no se pueda ofrecer y es entonces cuando comienza la suspensión voluntaria y transitoria del juicio para dar espacio y tiempo al espíritu a fin de que coordine todas sus ideas y todos sus conocimientos (en lugar de poner esta última frase, iba a poner la palabra duda, pero me ha parecido más adecuado copiar la definición de la Real Academia Española de la Lengua, que para aclarar las cosas siempre acierta).

Además, como el tiempo suele jugar malas pasadas, la duda que comienza a nacer se transforma en miedo y el miedo poco a poco pasa a ser terror. Un terror materializado en preguntas del tipo que por qué ya no me mira como me miraba antes, que si ya no es tan amable como solía serlo o qué habré hecho yo para merecer esto. Y todo por una frase hecha sacada de contexto que minimiza la importancia del tamaño.

Como ustedes verán no me he referido en ningún momento al contexto que primero les has venido a ustedes a la mente (no diré que la tengan calenturienta, como yo la tengo habitualmente a juzgar por el número de veces que aparece “ese” tema en mis artículos). Y lo he hecho porque sé que algunos/as de mis lectores parece que les ruboriza hablar (mejor dicho, escuchar) esos asuntos tan importantes para el ser humano. Pero aún así, si después de leer esta reflexión continúan considerando que el tamaño no importa, les aconsejaría que lo consultaran con su pareja, puede que ella no piense lo mismo y se esté preguntando qué ha hecho ella para merecer esto o peor aún, qué no están haciendo ustedes para merecerla. Ahí lo dejo.

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