LA ALARMA

Mirando por la ventana, he visto a dos jóvenes robar en un coche. Un adoquín ha sido suficiente para acceder a su interior. El cristal del parabrisas hecho añicos y la alarma sonando a todo meter. Y como son las cuatro de la madrugada, el pitido ha despertado a medio vecindario. Pero cuando han querido darse cuenta del origen de tan escandaloso ruido y de lo sucedido, allí ya no estaba ni el radiocasete, ni los dos jóvenes que se habían ido con la música a otra parte, dejando todo el barrio amenizado con el sonido atronador de la alarma del Golf GTI 16 válvulas de color verde metalizado con matrícula de Barcelona.

Al rato ha llegado la policía municipal, bueno, quien dice al rato dice media horita larga. Para entonces, la calle era una manifestación de sonámbulos en pijama y chándal reclamando más horas de sueño. Todos dando vueltas aleatoriamente alrededor del Golf GTI, que ahí seguía herido de muerte y berreando sin parar y sin que nadie hiciera nada para asestarle el golpe de gracia que acabase con su lenta agonía. Como soy de carácter apolítico y asocial por naturaleza, he pasado olímpicamente de sumarme a la congregación vecinal, y he preferido seguir mirando por la ventana al tiempo que he encendido el cigarrito rubio que concedo a mis pulmones casa seis o siete horas mientras contemplaba el espectáculo que daba visos de convertirse en el acontecimiento de la semana.

Todos los reunidos alrededor del vehículo mancillado estaban habla que te habla, pero nadie entendía nada. Los señores policías que habían llegado en coche patrulla, trataban de poner orden gritando a mandíbula batiente. Pero aún así, ningún vecino atendía a razones. No sé muy bien si porque nadie escucha a nadie hoy en día o porque la alarma del jodido Golf GTI canibalizaba todo sonido inferior al suyo propio, que para eso es una alarma y como alarma que es tiene que cumplir su función. El caso es que ni los vecinos, ni la policía han podido desconectarla. Y la alarma dale que te pego con su pitido. La pobre no tiene culpa de nada, faltaría más, la han diseñado para hacer lo que hace, es decir, sonar cuando alguna persona deshonra a su amo, o sea, al Golf GTI. Ella cumple a rajatabla su función, que no es otra que chillar cuando dos chavales han hecho trizas el parabrisas para extraer del interior el radiocasete. Es lo mismo que haría cualquiera si le extrajeran una muela sin avisar, o sea, poner el grito en el cielo (literalmente hablando). En su caso, no sabe hacer otra cosa, es su naturaleza, alarmar de que se llevan el coche entero o en su defecto y como es el caso que nos ocupa, el radiocasete. Y la verdad es que esta alarma lo ha hecho muy bien. Ha cumplido con creces su función de alarmar, especialmente a todo el barrio, aunque no mucho a su dueño, que soy yo. Pero es que me da una pereza lo de bajar a desconectarla. Con lo bonito que es ver a un barrio unido por una causa común.

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