LOS TOROS NO VAN EN 4×4

Soy de Segovia. Nací en una ciudad Patrimonio de la Humanidad y ejemplo de crisol de culturas. Algo como para sentirse orgulloso, la verdad. Pero no tanto. En esta ciudad castellano-leonesa el espectáculo de emplear animales para echarse unas risas aún sigue en boga (qué palabra, boga). Cuando llega la temporada estival, también llegan las fiestas populares, (no las del partido) sino las de la gente que vive, trabaja y disfruta del lugar que habita. El denominador común en muchas de ellas, a parte de la ingesta sin medida de alcohol de toda graduación, marca y tipo de embotellado, tiene a los toros como protagonistas o mejor dicho, como víctimas. La diversidad del empleo de dichos animales en distintos eventos iguala o supera a la variedad de brebajes ingeridos. Podríamos decir que las grandes corridas en la plaza con reputados nombres de la lidia equipararían a las grandes marcas de alcohol de importación de alta graduación. La suelta de vaquillas, por su parte, sería algo así como la ingesta de alcohol de graduación media marca nacional. Y luego están los encierros campestres que tendrían al botellón como su símil donde se bebe lo que se bebe, donde sea y cuando se considere oportuno. Un día del pasado verano, en el encierro campestre de uno de esos muchos pueblos que salpican la geografía provinciana, uno de los toros participantes tuvo la genial idea de huir del encierro que con motivo de las fiestas patronales celebraba toda la población con jolgorio y albedrío persiguiéndoles con vehículos todoterreno en las dehesas aledañas a la villa. Me imagino la escena. El señor de la Barbour pisando el acelerador de su Toyota Land Cruiser y el torito preguntándose “qué hago yo para merecer esto”. Y claro, el animalito se fue por patas, y nunca mejor dicho. Poco le duró la alegría al pobre porque apenas 48 horas después, gracias a la labor de rastreo realizada por el perro del ganadero organizador del encierro, pudo ser localizado. Tal y como rezaba el parte policial, “el animal fue sedado con un dardo…”  (el toro, no el ganadero, se entiende) “… y conducido hasta la plaza donde está previsto que sea sacrificado y llevado al matadero”. A su vez la Subdelegación del Gobierno de Segovia y la Alcaldía advirtieron a la población del peligro que entrañaba el animal suelto (insisto, el toro, no el ganadero). Que digo yo, que más peligro tiene ver al señor de la Barbour en su Toyota Land Cruiser derrapando por el campo que ver a un toro. A fin de cuentas el toro está donde tiene que estar, en el campo y el señor de la Barbour, no, y menos haciendo derrapes al volante de un todoterreno. Total, que me da la impresión que dará igual lo que yo escriba aquí sobre este tipo de animaladas contra los animales. No creo que consiga que les dejen vivir en paz a los pobres toros, aunque puede que me dé un día por entrar a lomos de uno de ellos en el garaje del señor de la Barbour y liarla parda. ¿Tendrá su Toyota 4×4 asegurado a todo riesgo?

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