ME CAGO EN SEPTIEMBRE

Vengo de la playa con la piel rosa. Es lo que tiene el verano, que con el calor te da por quitarte ropa de encima y va el sol y te tiñe la epidermis de color bollito Pantera Rosa. No sabía que el sol destiñiera, pero lo hace cuando le miras de frente (iba a decir cuando le miras cara al sol, pero me lo he pensado mejor, no sea que se mal interprete la frase y a ustedes les dé por pensar que sólo veo en televisión el canal 13Tv. Que por otro lado me gustaría saber cómo desintonizar de la TDT, si alguien lo sabe que me lo diga, por amor de Dios).

Durante los meses que duran la primavera, el otoño y el invierno ponemos la piel de nuestro cuerpo a buen recaudo de los rayos ultravioleta como también ponemos nuestros ahorros a las sombras de los bancos. Pero cuando los primeros rayos asoman entre las nubes, no resistimos la tentación de mostrarnos al mundo casi del mismo modo en el que nos parieron, y curiosamente, también solemos sacar de la sombra el dinero ahorrado para que le dé un poco de luz.

El sol trata los números de nuestra cuenta corriente como trata a nuestra piel, primero los deja en rojo y luego los abrasa por completo. Es lo que tiene el calor, que anima a todo ser viviente a disfrutar de la vida exterior, que es la vida que merece la pena vivir. La vida interior ya la cultivamos el resto de los meses en los que el sol únicamente hace acto de presencia en momentos puntuales, como también lo hace la familia real, por eso al sol se le llama el astro rey.

La energía del sol, o solar, no sólo es la más ecológica de todas, también es energía económica. Además de los ecologistas, también los saben las agencias de viajes, los bares con terraza e incluso las marcas de preservativos que hacen su agosto, precisamente en el mes con más días de sol al año, o sea, agosto. Por algo la vitamina que aporta el sol es vitamina D, “D” de dinero. Qué pena que la meteorología nos regale un cielo sin nubes sólo tres meses al año. Si luciera 365 días, nos sacaría de esta crisis que actualmente nos asfixia y hace sudar incluso cuando el cielo está completamente cubierto de cirros, cúmulos y estratos y el termómetro marca tres grados bajo cero. Aunque viéndolo por el lado positivo, casi es mejor así. Si el verano durara doce meses, dejaría nuestra epidermis con riesgo de contraer un cáncer de piel y el estado de nuestra cuenta corriente reducido a cenizas, si es que no lo está ya.

Para calmar el tono “pantera rosa” de mi piel con el que he sido obsequiado gratuitamente este verano, voy a untarme de la cabeza a los pies con una crema de aloe-vera que me ha dicho mi vecina que calma mucho los escozores. Aprovecharé para untar también con ella a mi cartilla de ahorros, a ver si consigo que se calme de una vez por todas de tanta calentura consumista estival. ¡¡¡Me cago en Septiembre!!!

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