EL CIGARRITO

Soy un vicioso, lo reconozco. Estoy intentando dejar de fumar, otra vez. Bueno, quien dice intentado dice queriendo intentarlo. Hubo una época de mi vida, y no hace mucho de eso, en la conseguí dejar de fumar y me dio por repudiar los lugares atestados de humo, especialmente aquellos que frecuentaba meses atrás. Quien ha sido fumador antes que fraile, sabe a lo que me refiero cuando digo que los exfumadores son los más “talibanes” del tabaco. Ocho años me tiré así, huyendo de los sitios en los que estaba permitido fumar. Y ahora que está prohibido el tabaco en lugares públicos, voy yo y vuelvo al tabaco como el Almendro que vuelve a casa por Navidad (el turrón, no el árbol se entiende. Si fuera el árbol, me fumaría las hojas e incluso las ramas). Cualquier cafetería, bar, pub, discoteca, cervecería o club eran para mí recintos de pecado y sus clientes infieles, dignos de ser eliminados de la faz de la tierra por enturbiar el oxígeno que el resto de la humanidad respira. Imagínense, hasta esas alturas llegaba la fe de mi religión antitabaco.

Tengo amigos que lo dejaron al mismo tiempo que yo y aún se resisten a ese cigarro sabroso con el café de sobremesa, a inhalar una bocanada que inunda el espíritu de tinieblas en las que perderse, a aspirar el oxígeno a través de unas hebras “made in Cuba”, a empezar el día amaneciendo envuelto en bruma, a… mejor paro que me emociono y se me va la idea de renunciar a todo ello. Todavía no me ha dado ni por chicles de nicotina, ni por el libro ese famoso que ha convertido a millones de personas en exfumadores y a su autor en millonario. Aún me resisto a acudir a mi médico, al que por cierto vi el otro día entrar en un club de esos privados en los que se permite fumar, lo que no le otorga mucha credibilidad en sus diagnósticos. También me niego a las sesiones de acupuntura. Una vez acudí a una y salí igual que entré, pero con más agujeros en el cuerpo que los que trae uno de serie. Y por supuesto rechazo las terapias grupales, que de tanto hablar de algo que no puedes hacer sólo te entran ganas de hacerlo. Y si no me crees, ponte a hablar de sexo con tu vecina ya verás, ya verás…

En fin, que voy a echarme un cigarrito Marlboro al portal a ver si veo pasar a la del quinto y charlo con ella un ratito. Si es que soy un vicioso.

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