EL COCINILLAS

Todos los grandes cocineros tienen sus secretos. Desde Ferrán Adriá hasta Martín Belasatatelelateguerri o como se llame. Cada uno de ellos guarda con recelo las recetas de sus platos más especiales y aunque tuvieran el detalle de revelarnos el misterio de su exitosa cocina, nadie les entendería (especialmente a Ferrán Adriá). En mi caso, como cocinillas que me considero, no oculto secreto alguno, ni mi menú incluye especialidad de la casa digna de mención, pero las cremas, sopas y caldos, me salen de muerte (es una expresión, no interpreten la literalidad de la frase y piensen que voy por ahí envenenando a gente con arsénico camuflado en el sabor de las legumbres, gracias). Con mis platos de creación propia soy capaz de hacerse chupar los dedos a mis comensales. De hecho, en un par de ocasiones se los han chupado los unos a los otros, y no es broma, lo vi con mis propios ojos, pero creo que era por la escasez de las raciones más que por la delicia del plato. Aún así, este año me han concedido una estrella Michelín, que para los que no tengan paladar o lo tengan de hormigón armado, les diré que es como un Oscar de Hollywood, pero en el ámbito gastronómico. Con la similitud de que ninguno de los dos premios es apto para la digestión, aunque a Rafa Nadal le dé por morder cada uno de sus galardones, que sé que lo hace por comprobar que sea de latón auténtico más que como parte de su dieta alimenticia, que al chico no se le ve de los que pasa mucha hambre, la verdad.

El plato decisivo para el otorgamiento de la condecoración ha sido mi crema de hortalizas y verduras con sal yodada, extracto de levadura, harina de trigo y especias. Lo que viene a ser una sopa de sobre, vamos. Es lo que sirvo cada jornada como de menú del día, pero la suerte quiso que un crítico gastronómico visitara mi restaurante el mes pasado y consideró gratificarme con tan preciado premio a la primera cucharada que introdujo en su boca abovedada con un paladar privilegiado. De nueve con cincuenta euros el menú de dos primeros, dos segundos a elegir y postre o café con vino y casera, hemos pasado a dos primeros, dos segundos a elegir y postre o café con vino y casera a ciento cincuenta y nueve euros. Obreros, oficinistas y opositores a notarías han dejado su habitual silla a ejecutivos, directivos de empresa y publicitarios de agencias de postín. De hacer fotocopias del menú y repartirlas por los buzones del barrio, a salir en las revistas más “fashion” de España y parte del extranjero. Y todo por una sopa de sobre, perdón, por una estrella Michelín. Esto lo cuento aquí porque sé que sois de confianza, pero lo negaré cuando vengan los del Canal Cocina a desvelar el secreto de mi éxito. A ellos les diré que “mis recetas son fruto de la experimentación creativa de una mente inquieta que siempre supo que la gastronomía era su vocación y que el fruto de la pasión por su trabajo le lleva a estar constantemente innovando en un sector tan gratificante como la cocina”. Es lo que tiene tener mano para los fogones y yo, la tengo, especialmente cuando por una sopa de sobre te soplo ciento cincuenta y nueve euros. Qué mundo.

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