EL ADIVINO

Estoy empezando a cansarme de tanto adivinador que anda suelto por ahí. Y no solamente lo digo por los muchos que salen en los canales de la tedeté. Si no también por los que te abren en canal en plena calle. Entre los que te leen la mente, te leen la mano y te leen los posos del café, me están entrando ganas de hacerme analfabeto fundamentalista e inmolarme delante de ellos haciéndome pasar por un cliente descarriado sin timón emocional. Si es que hay más lectores de futuro que socios tiene el Círculo de Lectores, que por cierto, un poco de secta también es, todo sea dicho. Las únicas personas que he visto en mi vida con verdaderos poderes para leer la mente son las madres, que saben perfectamente cuando suspendes matemáticas incluso antes de entregarles las notas, eso sí que son poderes extrasensoriales. La última vez que me leyeron la mano, fue precisamente el profesor de matemáticas cuando me pilló la chuleta con la fórmula del número irracional “pi” que llevaba escrita en la palma. Pero eso no fue poder mental, eso fue mala potra.

El otro día, estaba fumándome un cigarrito al sol mientras tomaba un café en una terraza de la plaza Mayor, cuando de repente me asaltó un vidente en el último sorbo de mi café y apresuradamente me dijo, sin apartar sus estrabicos ojos del fondo de la taza, que vigilara muy de cerca a mi corazón. No sé qué quiso decir exactamente con eso, pero me empezaron a dar unas taquicardias cuando me pasó la minuta por sus treinta segundos de sesión vidente que era evidente que del susto acabara en el hospital. Menos mal que allí no hay adivino que valga y con un electro y dos cafinitrinas mi corazón volvió a su ritmo normal y me mandaron para casa en un taxi, que también tuve que pagar casi a precio de vidente. Puede que el lector de futuro finalmente estuviera en lo cierto, no sé. Aunque a quien realmente he hecho caso es al médico. Me he retirado del tabaco y del café, no sea que acabe siendo yo mismo el que lea en los posos de la taza que a mi corazón ya no le quedan más latidos para seguir aguantando esta vida. Que pasen ustedes un buen día.

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