EL MESSENGER SALVA VIDAS

Llevo semanas chateando con una chica. No es que estemos todo el día de bar en bar tomando chatos de vino, es que usamos el Messenger para escribir lo que no nos atrevemos a decirnos a la cara. Llámenme tímido si quieren, pero para los que somos más cortados que un café espresso de la Nespresso, el Messenger nos salva la vida. Y cuando digo que nos salva la vida, no lo digo literalmente claro, pero sí que nos salva de algún que otro tropiezo emocional, que como ustedes saben, haberlos haylos y eso, a veces, mejora la vida que es lo mismo que decir que te la salva. A diferencia de lo que ocurre cuando mantienes una conversación cara a cara donde las palabritas se las lleva el viento, en el Messenger queda constancia permanente de lo dicho, por lo que siempre se puede recurrir a lo escrito para comprobar cuándo se dijo “Diego” y en realidad se quiso decir “digo”. Ninguna de las conversaciones (o “chats”, como prefieran llamarlo) que mantengo con mi chica del Messenger se extiende más allá de las ocho palabras por mensaje, por lo que hay que ser muy explícito en la forma de hablar. Hablar de forma explícita implica escoger la palabra adecuada para expresar implícitamente lo que se siente. Por lo que escribir correctamente ya no es sólo cumplir con la obligación que nos inculcaron en las clases de lengua y literatura en el colegio, sino que también es una alta responsabilidad cuando se está empleando aplicaciones tecnológicas diseñadas para ello como el Whatsapp, el Messenger o el SMS (si es que alguien utiliza SMS a estas alturas). Para los más perezosos, los creadores de estas aplicaciones incluyen la opción del corrector automático que va asociado a la velocidad del movimiento táctil de los dedos. Pero en muchas ocasiones, la velocidad y el tocino se confunden. A continuación reproduzco la ultima conversación que mantuve con la chica con la que chateaba para dar testimonio de lo difícil que resulta hoy en día iniciar una relación y en la que las nuevas tecnologías intervienen sin permiso:

ELLA: Holaaaaa, qué haces?

YO: Acabo de madurar y pensaba en ti.

ELLA: Qué???

ELLA: Que acabo de masticar y pensaba en ti.

ELLA: Cómo???

YO: Que acabo de masturbar y pensaba en ti.

ELLA: Vete a la mierda.

YO: Quería decir que acabo de madrugar y pensaba en ti.

ELLA:

YO: Estás ahí?

ELLA:

YO: Estás ahí?

ELLA:

Aún estoy esperando a que me conteste para poder explicarle que no quería decir lo que dije, que fue culpa del corrector automático y que realmente nunca quise emplear las palabras madurar, ni masticar, ni madrugar. La otra, en cambio, sí.

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