LEER AYUDA A DORMIR

Un señor muy conocido en la ciudad por su empleo de cargo público (a quien de ahora en adelante me referiré por las iniciales de su nombre y apellidos: J.O.D.T.) me ha confesado en plena calle lo mucho que le gusta leer mis artículos. Por sus palabras declamadas con excitación y entusiasmo, y sobretodo por el cargo público que ostenta, he llegado a sentir por un instante lo que siente Mario Vargas Llosa cuando ofrece una conferencia (la misma cada año) en el HAY Festival. Entre aspavientos y elogios de toda índole, el señor J.O.D.T. manifestaba su devoción por los temas sobre los que versan los artículos, que se reconoce a sí mismo en muchos de los relatos y que siempre logran sacarle una sonrisa. Hasta aquí, todo bien. Pero de repente, el señor J.O.D.T. me ha soltado a la cara que además, gracias a su lectura consigue conciliar el sueño. De repente, mi estado levitativo (palabro que me acabo de inventar) ha impactado de bruces contra el adoquinado del suelo y he notado la gélida bofetada de la realidad dejándome la boca abierta y un vacío indescriptible en el ánimo, como el que también debió sentir Mario Vargas Llosa tras su batacazo intentando alcanzar como político la presidencia del Perú. Desconocía por completo el poder narcótico de mis artículos y mucho más su capacidad para producir somnolencia justo antes de iniciar la fase REM. Es algo que no puedo evitar- me ha dicho con la risa entre cortada- es empezar a leer uno de tus artículos y se me cierran los ojos. Es algo que no puedo evitar- ha insistido nuevamente. Para disimular el azoramiento que me estaba produciendo su descarnada confesión y la ira que comenzaba a manifestarse visiblemente por el enrojecimiento de mis ojos, he dispensado continuar la conversación argumentando que tenía una cita con el director del periódico local y que ya llegaba media hora tarde. Antes de liberarme de su presencia, el señor J.O.D.T. me ha pedido un favor del único modo que saben hacerlo quienes no se molestan en hacer nada por sí mismos: Oye…tú que sabes de esto, qué libro me recomiendas leer para las vacaciones de Navidad- me ha espetado mirándome a los ojos como quien mira el desplegable del Playboy. Le he recomendado la última novela del actual novio de Isabel Preysler. Es un bestseller, y conociéndote como te conozco, no defraudará tus expectativas como lector- he respondido mientras giraba mi cuerpo ciento ochenta grados mostrándole la espalda (o el culo, según se mire).

No sé si habrá interpretado correctamente la intención que había implícita en cada una de mis palabras, ni me importa una mierda. Lo que nunca llegará a saber el señor J.O.D.T., es que para que él concilie su sueño, yo quito horas del mío. Es algo que no puedo evitar.

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