EL SOUVENIR

¿A quién se le ocurriría la genial idea de los souvenirs? Cuando te acuerdas a cientos de kilómetros de distancia de algún familiar, amigo o conocido que se precie, lo peor que puedes hacer es obsequiarle a tu regreso con una taza inservible “recuerdo de”. Yo debo de tener en casa como cuatro ceniceros: de Benidorm, de Torrevieja, de La Manga y de Tenerife. Nueve platos de colgar, también de esas cuatro ciudades y de otras cinco más que a pesar de ver cada día no recuerdo su nombre. Dos jarras de cerveza de Múnich (sin cerveza dentro, pero con todos los monumentos de Múnich por fuera). Tres torre Eiffel de distinto tamaño entre ellas, pero las tres muy cercanas a la dimensión real. Un barco de 25 centímetros de eslora construido a base conchas rotas y coral despedazado (alta tecnología, vamos) y un sinfín de objetos imposibles más dignos de ocupar estanterías en el museo de los horrores que de coger polvo en las baldas de IKEA de mi casa, que es para lo único que sirven.

Si me dieran la oportunidad de elegir a quien borrar de la faz de la tierra, yo elegiría a Kim Jong-un y al inventor del souvenir y no por este orden precisamente. La semana pasada sin ir más lejos, mi vecina de abajo, una jubilada abonada a los viajes del IMSERSO desde que enviudó a los 62 años (supongo que para ver si pilla cacho con algún otro sexagenario también viudo y también abonado a los viajes del IMSERSO), me obsequió con un violín de porcelana lacado en dorado con el rostro de Mozart tamaño natural (el violín, no el rostro, claro). Es lo que tiene hacerse la ruta de las ciudades imperiales con el IMSERSO, que vienes con un violín de Viena o nadie se cree que hayas pisado por donde pisó Sisí emperatriz, que para mi vecina fue “tal real como que su verdadero nombre era Romy Schneider, pero se lo cambió para poder ser reina”, me dijo mientras ofrecía detalles de su majestuoso periplo. Tuve que fingir la mejor de mis sonrisas en el acto de entrega y soltar la retahíla de frases hechas tipo “pero.. ¿para qué te has molestado, mujer?”, “si no hacía falta”, “anda que mira que eres, eh?”, “si es que hay que ver lo detallista que estás hecha”, etcétera, etcétera, etcétera, y hacerlo además en el descansillo del portal delante de media comunidad de vecinos en plena hora punta. Al final, he tenido que descolgar el Guernica tamaño póster que compré como recuerdo en mi viaje al Museo Reina Sofía en primero de BUP y poner en su lugar el violín de porcelana. Si Picasso levantara la cabeza…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s