CÓMO CORTAR CON TU NOVIA EN TRES SENCILLOS PASOS

Romper con tu novia no es fácil. De hecho, son ellas las que siempre rompen con ellos. No sé tú, pero no conozco a ningún novio que haya tomado la difícil (o fácil, según se mire) decisión de incumplir con sus obligaciones como galanteador con su respectiva pretendienta antes de que lo haga ella, que como acabo de decir, nos llevan la delantera en todo. Para todos aquellos que en el preciso instante en el que están leyendo este artículo también estén debatiéndose entre dar continuidad a un exiguo amor o, por el contrario, sajar de raíz el asunto que les trae de cabeza día sí y día también y noche sí y de noche más, ahí van algunas frases que jamás permitirían salir de su boca, pero ambicionan pronunciar lo antes posible.

La primera y más recurrente para los novios de carácter melifulo es: “No eres tú, soy yo”. Estas cinco palabras resultan muy eficaces cuando se desea que la parte contratante de la primera parte, o sea la novia, quede aún más confundida de lo que ya estaba y se cerciore que ella no es ella, sino su mejor amiga.

La segunda frase es “Te quiero, pero sólo como amiga”. De cinco palabras, pasamos a seis y con el incremento lingüístico, también se incrementa exponencialmente la confusión que genera. ¿Qué habrá querido decir con “sólo como amiga”?- se preguntará ella mentalmente. ¿Vendrá conmigo a las rebajas? ¿Quedaremos para hacernos la manicura al mismo tiempo? ¿Lloraremos viendo Anatomía de Grey? ¿Me escuchará cuando esté triste y necesite hablar con alguien de por qué no sé me siento triste?- volverá a preguntarse. Si al menos me hubiera dicho: “Te quiero, pero sólo como follamiga”, hubiera quedado como un caballero- seguirá pensando. Por lo que, mi consejo, estimado lector al borde de un ataque de nervios, es no recurrir a esta la segunda opción.

La tercera elección es asumir la responsabilidad de la ruptura con una frase en la que se admita el peso de cierta carga emocional no exenta de reparo. Algo así como “estoy en un momento complicado y no te merezco”. Es una frase comodín que puede aderezarse con adornos y floripondios adjetivales que incrementarán la circunstancia momentánea sufrida por el sujeto activo (o sea, quien inicia la acción: el novio) y agasajen el físico o la personalidad del sujeto pasivo (o sea, quien recibe  la noticia como un jarro de agua fría: la novia). Y que quedaría algo así como “estoy en un dificilísimo y complicado momento de crisis aguda de búsqueda personal de mí mismo y no merezco ni los encantos femeninos con los que me obsequias a diario ni la madurez intelectual, psíquica y otros encantos de mujer que innatamente posees y son los que me suliverian”. La alternativa a esta tercera opción es soltar de buenas a primeras: “Te tengo cariño, pero nunca te he querido”, aunque no es aconsejable salvo que instantes después se esté dispuesto a salir del armario, que para los que no sean gay friendly, quiere decir confesar tu homosexualidad en público.

Ahí, os lo dejo para que reflexionéis antes de tomar la decisión más oportuna, que, por otro lado, el tiempo dirá si es acertada o no.


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