LA MALA REPUTACIÓN

Tengo un amigo que trabaja en una de esas nuevas profesiones que han nacido al albor de las nuevas tecnologías (qué palabra más bonita “albor”, para la expresión “nuevas tecnologías” me reservo la opinión). Mi amigo se autodefine como Community Manager. Como soy analfabeto digital, le he preguntado a qué se dedica un Community Manager y me ha respondido que, entre otras cosas, “a gestionar la reputación online de sus clientes”, palabras salidas de su propia boca mientras mojaba el churro en el café del desayuno. Y qué es la “reputación online”, he vuelto a preguntar tratando de disminuir mi incultura digital o de hacerla evidente, según se mire. “Es el reflejo del prestigio de una persona, empresa o marca en internet, creada no sólo por ella misma, sino también por el resto de personas con las que intercambia información y opinión a través de foros, blogs o redes sociales”, me ha contestado de carrerilla y masticando el churro al mismo tiempo. “¡Ah!”, he respondido a su aclaración. Y me he ido al baño cuando se acercaba el camarero con la cuenta de los dos cafés y la ración de churros que nos estábamos tomando a medias.

Hace años, el DNI (Documento Nacional de Identidad), constaba de un campo, en el anverso de los caracteres alfanuméricos, en el que se reflejaba el oficio con el que te ganabas la vida. El guarismo del DNI nos hacía únicos en el planeta tierra junto a la huella dactilar, que podríamos decir que es la cifra del DNI con la que venimos de serie cuando venimos al mundo. Maestro, guardia civil o vidriero jubilado eran sólo algunas de las definiciones que definían a su vez al titular de la identificación oficial emitida por el control administrativo del Estado. Con la llegada del nuevo DNI electrónico con chip incluido, resulta evidente la incorporación de las nuevas tecnologías a los sistemas de seguridad y control del Estado, pero se echa de menos la costumbre de incluir el oficio con el que el titular se ganaba el pan con el sudor de su frente. Puede que decidieran eliminarlo porque ya nadie dura más de seis meses en el mismo oficio o porque al Estado le importa poco en lo que trabajes (si tienes trabajo) o quizá para evitar la molestia de estar renovando el DNI cada vez que cambias de trabajo temporal y precario, y que según las últimas estadísticas, está entre 8 y 15 veces al año. Con la desaparición de ese campo del DNI resulta muy complicado reflejar el prestigio creado por una persona tras años de esfuerzo y dedicación al ejercicio de una profesión o lo que es lo mismo, conocer su reputación analógica dentro de una sociedad absorbida por las nuevas tecnologías y los nuevos oficios donde nadie se mira a la cara cuando habla sino que lo hace tecleando la pantalla táctil de un iPad.

Supongo que cuando salga del baño, mi amigo Community Manager se habrá cansado de esperar y se habrá marchado pagando mi parte de ración de churros y mi café entero. Por eso mi reputación analógica de gorrón que se escaquea de pagar la cuenta seguirá estando intacta. A fin de cuentas, hay que mantener la reputación que he venido cultivando desde hace años y seguiré cultivando incluso en el albor de las nuevas tecnologías. Qué mundo.

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