¡QUÉ BELLO ES VIVIR!

Por enésima vez, ayer volvieron a reponer en la tele la peli “¡Qué bello es vivir!”. Es una buena película, es una excelente película, es una obra maestra sí, es cierto, pero de ahí, a reponerla cada Navidad y en cada uno de los cincuenta y un mil canales de la dichosa “tedeté”, hay un abismo. Y mira que se hacen cada año películas y películas sobre temas navideños, que haberlos haylos, y muchos, miles y miles, por no decir millones y millones. E incluso algunas de ellas protagonizadas por actores de postín, de esos que cimentaron su carrera con un Óscar de Hollywood o alguna nominación en su defecto. Debe ser que los temas navideños disfrazan bastante bien el poder de atracción de los ceros y ceros de sus “cachés”. Y cierto es que ver a Nicholas Cage disfrazado de gordinflón con barba de abuelo llevando las riendas de un trineo tirado por seis renos voladores tiene su morbo, innegable.

Para los que aún no han visto la hermosa película de Frank Kapra, que serán dos o tres en todo el territorio nacional, incluyendo Ceuta y Melilla (que nunca cuentan salvo para relatar el drama de la inmigración ilegal o las drogas), el protagonista, el papel que interpreta James Stewart, tiene un problema financiero que trata de solventar quitándose de en medio saltando por un puente en plena nevada invernal. Y como la nevada es de dimensiones bíblicas, pues se le aparece un ángel, que no parece un ángel sino más bien un Papá Noel indigente y le hace ver, a lo largo de las casi dos horas de metraje, cómo hubiera sido su mundo sin su existencia, o sea, ponte a llorar desde el minuto uno. Para colmo, la peli es en blanco y negro, por lo que lo blanco es más blanco y lo negro es negro-negro-negro. Total, un dramón. Como me da bastante igual que la hayáis visto o no, os la cuento. Al final James Stewart cura su miopía de realidad gracias al tratamiento óptico del ángel-indigente-Papá Noel y todos terminan cantando con alegría los cánticos de mi pueblo que hoy ha nacido el Niño Dios. Y las palabras “The End” cruzan la pantalla del televisor. Aunque para ser sincero, creo que ponía “Fin”, pero no estoy seguro porque los lagrimones me impedían ver con claridad.

Es lo que tienen estas fechas, que todo se repite y no nos importa. Feliz Navidad a todos los lectores y lectoras.

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