SÓLO SÉ QUE NO SÉ NADA

“Cada día sabemos más y entendemos menos”. Eso fue los que nos dijo Albert Einstein hace un montón de años, pero a pesar del tiempo transcurrido, continuamos sin entender nada y sin saber nada de nada. También alguien dijo en una ocasión (no sé quién, ni cuando) que el tiempo lo cura todo, pero por mucho tiempo que pase, algunas cosas no tienen cura, como la ignorancia, que curiosamente se hace más grande cuanto más tiempo pasa. Creo recordar que fue Sócrates quien sabía que no sabía nada. Lo recuerdo porque lo leí en un libro de filosofía en clase de COU (cuando existía el COU y también cuando existían las clases de filosofía, que están tan ninguneadas del mapa académico como Sócrates lo está de la faz de la tierra). Saber que no se sabe nada no tiene un sentido literal, sino que lo que se sabe no se puede afirmar con rotundidad que se sepa a la perfección y además, la certeza con que se sepa no está garantizada. Por ejemplo, ¿cómo se puede estar convencido que lo que sientes por tu novia/esposa/amante es correspondido recíprocamente y del mismo modo? O, ¿cómo se puede saber con absoluta seguridad que tu pareja actual no te está poniendo los cuernos? Para cerciorarse de ello (tanto de lo primero como de lo segundo), es necesario obtener pruebas, como por ejemplo recibir la marca de sus labios en los tuyos o, por el contrario, descubrir una marca del carmín de otros labios en el cuello de la camisa de tu marido. Eso sí que son pruebas fehacientes para saberlo todo: tanto que el amor es correspondido como que tus cuernos topan con el marco de la puerta cada vez que entras en casa.

A estas alturas de la lectura, muchos de ustedes se estarán preguntando qué coño le pasa a éste. Sinceramente, no lo sé. Y si no lo sé, podría afirmarse que no me pasa nada, pero no es así. Me pasan cosas, muchas cosas. Todos los días y a todas horas. Pero no voy a agotarles relatando aquí y ahora todo lo que me pasa porque seguramente no es de su interés. Eso sí lo sé, que no es poco. Y para poco que sé, prefiero callármelo. No se me ofendan, es que hay cosas que aunque se sepan, es mejor no decirlas y menos en público. Que desde que inventaron las redes sociales la gente va diciendo por ahí lo que piensa y luego pasa lo que pasa. Así que mejor tener la boca cerrada, que como dice el refrán, no entran moscas. Que para moscones ya tenemos suficientes con los que nos regala el verano, algo que sabemos que ocurre cada año cuando llega el mes de julio.

Al final, parece ser que no necesitamos saber de mucho para vivir un poco. Y eso también lo sabía Albert Einstein cuando decía “no necesito saberlo todo, tan sólo necesito saber dónde encontrar aquello que necesite cuando lo necesite”. Y yo ahora, lo que necesito son vacaciones, especialmente de ustedes. No se me ofendan, insisto.

Hasta el año que viene, concretamente, hasta el 11 de enero (lunes, por si no lo sabían).

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