PROMESAS INCUMPLIDAS

Los deseos incumplidos se repiten cada año por estas fechas como se repite la morcilla del cocido cada vez que llega la hora de la digestión. Y tratar de cumplirlos resulta tan improbable como difícil es creer que no vaya a repetir la morcilla cuando ha pasado del estado sólido del plato al líquido del intestino. Dejar de fumar (y evitar la tentación), apuntarse al gimnasio (y acudir más allá de las dos primeras sesiones), ahorrar dinero (entendiendo por ahorrar más de 50 euros al mes) o decir “te quiero” a quien más se quiere decir “te quiero” (y tener la valentía de hacerlo), son sólo algunas promesas que nos hacemos a nosotros mismos en un momento dado y una vez llegado el caso, no hacemos ni caso. Personalmente me he comprometido con la llegada del nuevo año a cumplir con todas las promesas anteriormente mencionadas. Pero si pudieran verme en este momento con un cigarrito Marlboro entre los dedos y 120 euros menos en la cuenta corriente (que es lo que me ha costado la matrícula del gimnasio y que a día de hoy, aún no he pisado), dirían que nadie se puede fiar de mi palabra, ni siquiera yo mismo. En resumen, que donde dije “digo”, digo “Diego”. Por eso, si en este preciso instante les confesara el amor que siento por los más de 7.000 lectores que reflejan las más de 7.000 lecturas en forma de las 7.000 visitas a este blog, no me tomarían en serio. Más que nada porque yo mismo tampoco me tomo en serio, y fumar un paquete de Marlboro cada dos días después de haberme prometido renunciar al tabaco, es la prueba fehaciente de que no soy de fiar. Aunque por otro lado, la promesa de obsequiarles gratuitamente con un artículo diario la cumplo a rajatabla desde hace 7 meses. Y aunque no gane dinero alguno con el cumplimiento, frente al señor del gimnasio de la esquina que no promete nada de nada, ni cumple con nadie de nadie y se embolsa el dinero de quien tampoco cumple con lo que promete, yo puedo afirmar que algo de palabra tengo, aunque luego las junte y use para escribir artículos como éste. Por esa razón, cumpliré una de mis propuestas para el nuevo año que acaba de comenzar y le diré a usted, querido lector: “Le quiero”. Quiero decir, que “le quiero” ver mañana nuevamente leyendo mis artículos, que si yo cumplo, usted también debe hacerlo.

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