LOS CUARENTA

Hoy le he cantado a la vida las cuarenta, o mejor dicho, ella ha sido quien me las ha cantado a mí. Las cuarenta primaveras, y sin pintar ni en bastos, ni en oros, ni espadas, aunque bien merecería hacerlo en copas. A esa edad, se tiene casi más vivido por detrás que por delante. Sin que nadie se ofenda, piense mal o tergiverse la literalidad de la frase, por favor, que ya no está uno para bromas. En jerga universitaria, se diría que estoy en el paso del ecuador de mi vida, pero sin el destino del viaje aún definido. Y eso que en cuarenta años ya tenía que estar más que claro, pero ni con esas. Habrá que seguir “trabajando en ello”, como diría nuestro exguerrero presidente de Gobierno de cuyo nombre no quiero acordarme.

A estas alturas de la vida, comienzas a estar de vuelta de todo y sobre todo, de todos. Tu paciencia se ha ido consumiendo con los años al mismo tiempo que la libido, la adrenalina, y la bilirrubina (también). Y ya no pasas ni una, ni a tu jefe, ni a tu cuñado gorrón, ni a tu propia mujer. Será porque tampoco hay mujer alguna que pase por delante de ti y si lo hace, pasa de largo, muy de largo. Todos te dicen que es el momento de reflexión en la vida de cada hombre, cuando mira lo que ha vivido y hace balance, como si fueras un comercio de aquellos de posguerra que cerraban un par de días al trimestre para “hacer balance”. La comparación no es casual porque te entran ganas de echar el cierre y mandar todo a tomar…te unos whiskys y dejar el balance para el trimestre siguiente. Con la edad, al igual que ocurre con la leche, se te agria el carácter. Quizá sea por eso por lo que no paran de decirte “qué mala leche tienes”. Nada más hay que ver el cariz que están tomando estas líneas a medida que avanza el texto y van ocupando más y más espacio en el papel. Pero no es del todo mi caso, aunque así lo parezca. Nací así de agrio. Lo que pasa es que lo he ido disimulando muy bien durante cuarenta años y hoy precisamente me cansé. Así, de repente. Tampoco voy a dar más explicaciones ni motivos que uno ya tiene el culo más “pelao” que un mandril. Y vuelvo a decir que nadie se ofenda, piense mal o tergiverse la literalidad de la frase. Pero viniendo como venimos de los monos, algo tendríamos que tener en común, digo yo, aunque sea tener el culo “pelao”. Si es que manda narices. ¿A quién se le ocurriría inventarse la expresión “middle age crisis?”. Y encima en inglés, aunque nos daría igual que fuera en castellano, porque crisis es crisis en todos los idiomas. Lo que viene a significar que la crisis de los cuarenta de un caballero inglés, debe ser igual de crisis de los cuarenta de un “español de bien” como también diría nuestro exguerrero presidente de cuyo nombre sigo sin querer acordarme. Aunque en su caso, para superarla le dio por declarar la guerra a otros países. Con lo bien que le hubiera ido comprándose un Porche descapotable como hace todo el mundo a esa edad. Yo voy a entrar en internet a ver si encuentro alguno de segunda mano y se me quita esta desazón, porque como siga así de “amargao”, invado Polonia aunque sea en la PlayStation y me quedo como Dios.

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