LOS HIPÓCRITAS NOS LLEVAN VENTAJA

Están los hay que viven acá y los que viven más allá. Y luego están los que viven el más allá, pero aquí. La televisión me da la razón así como las páginas cuché de la revista Hola. Si eres de los que tiene el mando a distancia más tiempo entre las manos que las manos de tu mujer, seguro que estarás de acuerdo conmigo y si consideras que las revistas del corazón son la panacea de la literatura, también. En todos los números de todas las revistas que llaman prensa rosa sin excepción, siempre aparece algún artículo de no sé qué famoso enseñando cada uno de los rincones de su mansión, palacio, palacete o casoplón. Estos reportajes son la prueba irrefutable de la existencia de vida del más allá entre nosotros. Cuando veo este tipo de artículos, me da un retortijón y voy al baño más cercano a acordarme de todas las religiones existentes. Todas-todas-todas prometen lo mejor de lo mejor cuando estás presente, pero para que lo disfrutes cuando estés de cuerpo presente, o lo que es lo mismo en el futuro, que como todos sabemos, no existe porque nadie tiene pruebas de haber estado allí y haber regresado para contarlo. De este modo, los fieles creyentes de cualquier religión se sienten obligados a conformarse con lo que hay en el más acá, o sea, con una vivienda de protección oficial de apenas 30 ó 40 metros cuadrados a lo sumo. Pero ojeando el Hola, es evidente que esa gente henchida de orgullo que posa en salones, cuartos de baño y piscinas de otro planeta, no creen en ninguna religión conocida por los que habitamos el mundanal mundo. Ellos son fervientes devotos de la religión económica y han solicitado a su Dios Dinero un anticipo de su otra vida, para disfrutarlo en esta. Eso sí que es tener visión de futuro, pero en el presente. Igualito que si le dijeras a tu abuela nonagenaria que te haga entrega de la herencia en vida, pero en la vida terrenal tuya. A ver si con los avances médicos le da por llegar a los 150 años y te ves a ti mismo con 100 y sin haber recibido la parte correspondiente de su legado, que las abuelas son muy suyas para sus cosas.

Viendo en el Hola esas mansiones alfombradas con tapices persas del gran bazar de Turquía, esas lámparas de la Societé Baccarat, las estanterías a medida de madera de ébano soportando jarrones y vajillas de cristal de Murano, las griferías en hierro fundido en altos hornos de Escocia… en fin… me pregunto con quién habrá que comulgar cada domingo para llegar a ese limbo que brilla tanto como el cuché de las páginas del Hola. Yo no es que sea muy religioso que digamos. Me bautizaron sin consultarme si quiera e hice la primera comunión cuando creí que recibir una hostia era otra cosa, pero si para llegar a pisar alfombras turcas y beber vino en copas de cristal de Murano hace falta morirse antes, mejor me hago de la religión de los famosos del cuché y me lo paso pipa acá como si estuviera en el más allá. Total, cuando me llegue mi hora siempre podré retornar al cristianismo, arrepentirme en cinco minutos por haber llevado una vida disoluta de lujo y desenfreno, ser perdonado en extrema unción por el cura de turno y a seguir disfrutando, pero ya en el reino de los cielos. Ventajas de ser un hipócrita.

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