LEER ES DE VAGOS

Echando un vistazo al listado de libros más vendidos en España (y horrorizado por el éxito de ventas del libro autobiográfico de Belén Esteban), he extraído la conclusión de que hay libros que se deberían leer estando tumbado. La razón es una, grande y libre, o sea, muy española, están escritos para los vagos, es decir, para quien no lee nada de nada. Por esa razón, la mayoría de las personas que eligen algunos tipos de libros, también eligen la manera española de leerlos, que no es otra que estando tumbado. Al igual que la totalidad de escritores tiene manías personales que facilitan su inspiración a la hora de escribir, los lectores que no leen con asiduidad también poseen sus propias manías a la hora de leer. La cama suele ser el lugar preferido por quienes leen poco para ejercitar el acto intelectual que supone dar trabajo al cerebro. Otros, la mayoría me temo, son los más dados a la procrastinación y dejan para mañana lo que puedan hacer hoy y para el día siguiente lo que pueden hacer mañana. O sea, que sumando la procrastinación al acto intelectual que supone leer, dejan para el verano el acto intelectual que supone leer (insisto) eligiendo la hamaca o la tumbona de playa como objeto para posicionar el cuerpo, o sea, estando también tumbado. Este último tipo de personas son quienes entienden la existencia como un estado físico y un estadio cognitivo mental en equilibro permanente. Eligen mantener la mente plana (literalmente hablando) estando tumbados. Quienes suelen leer en posición horizontal, ya sea en la cama, en la tumbona, en la hamaca o en la toalla sobre cálida arena de mar, deben saber que no son una especie única, aunque pueda parecer lo contrario por el hecho de sostener un libro entre las manos, sino que forman parte de la inmensa mayoría de españoles y españolas. Fíjense que he utilizado la palabra “sostener” en lugar de “leer”. Lo he hecho porque no guarda relación directa sostener un libro entre las manos con el acto intelectual que supone leer (vuelvo a insistir). Me temo, de hecho, que el 99,9% de personas que sostienen un libro entre sus manos estando tumbadas en la playa, lo hacen con el objeto de cubrirse el rostro de los peligrosos rayos ultravioleta del sol en lugar de cultivar su intelecto con él. Y como prueba fehaciente, nada más hay que ver el número de personas que ni siquiera sostienen el libro del derecho sino del revés.

Soy plenamente consciente de que voy a levantar ampollas entre algunos de mis lectores y lectoras al afirmar en este artículo que quienes leen tumbados fingen que leen, aún más sabiendo por fuentes fidedignas que muchos de mis lectores esperan a la noche para leer arropados por la suavidad de las sábanas de sus camas y desde sus dispositivos móviles lo que publico a diario en este blog, pero aceptaré estoicamente sus críticas ya que si las recibo (y conociéndoles como les conozco, sé que las recibiré), será porque han logrado llegar hasta estas líneas, y ese heroico acontecimiento intelectual significará que han podido leer todo el artículo de cabo a rabo sin haberse quedado dormidos.

Y una vez llegados hasta el final, no puedo más que darles las gracias y desearles felices sueños.

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