LOS POLOS OPUESTOS

Los polos opuestos se atraen. Y del mismo modo que hay polos en la tierra y la tierra es el planeta más humano de los planetas que conozco, podría afirmarse que los polos humanos opuestos, también se atraen. Por un lado, nos gusta ser los primeros, pero también estar a la última (que no es lo mismo que ser el último o la última, aunque lo parezca). De todos es conocido el nombre y apellido del hombre que al tiempo que daba un pequeño paso, la humanidad daba un gran salto, y también conocemos el nombre de quién lo hizo por última vez. Pero no sabemos nada de quién pisó la luna entre medias, que haberlos haylos y no por ello merecen menos reconocimiento.

Los aficionados al fútbol saben qué equipo ganó la liga en la temporada 1985-1986 y qué equipo quedó al final del tablero. Pero de los demás, de los del medio, nadie recuerda nada, absolutamente nada.

Ni usted ni yo olvidaremos aquella vez en la que perdimos la virginidad, y con total seguridad aún permanece en la retina la ocasión más reciente en la que hemos tenido la fortuna de hacer el amor (o que nos lo hayan hecho), pero del resto de veces (que en su caso no sé si serán muchas o pocas) apenas queda un resquicio en la memoria. Hay un refrán que dice que los últimos serán los primeros y otro que dice que quien ríe el último ríe mejor. Es evidente, los polos opuestos se atraen de forma natural, es un hecho tangible, probado científicamente, además de incuestionable verosimilitud.

Puede que la razón que justifique el amor que siento por mi pareja sea que somos polos opuestos en todo el uno del otro. Ella es de carne y yo de pescado. Ella de vino blanco y yo de vino tinto. Yo de café y ella de té. Ella prefiere madrugar y yo trasnochar. A ella le encantan mis labios y a mí los suyos. Pero a pesar de tanta oposición, permanecemos pegados el uno al otro como el imán al hierro. Si eso no es amor, entonces la ciencia es una mentira, casi tanto como la religión que resulta ser lo más opuesto que existe al pragmatismo científico, y sin embargo la ciencia no podría entenderse sin la religión, ni la religión sin la ciencia. Ambas ayudan a que el ser humano comprenda a algunos seres humanos y que la mayoría de seres humanos nos comprendamos a nosotros mismos.

Quizá la atracción de los polos opuestos sea lo que realmente justifique la adoración que siento por mi novia. O puede que sea porque nuestra atracción física tenga mucho de química, no lo sé. He tratado de encontrarle una explicación, pero no la encuentro. Supongo que son cosas de la ciencia, gracias a Dios.

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