ATRAPADOS EN LA RED DE LA VIDA

Un estudio reciente llevado a cabo por el departamento de psicología evolutiva de la Universidad de Oxford (Reino Unido) ha llegado a la concusión categórica de que por cada 150 contactos que posean los usuarios de redes sociales ya sean Facebook, Instagram, Linkedin, Twiter, Hi5, Badoo, Grindr o todas las demás redes que hay en la gran red, únicamente se poseen cuatro amigos “de los de verdad”. Esos “cuatro amigos” de verdad son los únicos a los que recurrirían para buscar ayuda en caso de “crisis emocional”. En palabras del eminente profesor Robin Dunbar quien ha sido el que ha liderado el estudio de la prestigiosa universidad británica, “aunque alguien acumule 5.000 contactos en Facebook, su unión con la inmensa mayoría es forzosamente insignificante”. Aclaro que lo ha dicho en inglés, pero lo he traducido para que ustedes le entiendan a él y también lo que dice. Razón no le falta al profesor universitario, a lo que yo añadiría por experiencia personal, que incluso cuatro amigos por cada 150 contactos me parecen muchos amigos. Las conclusiones extraídas de una investigación realizada a 3.375 internautas con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años, demuestran que la relación emocional que mantenemos los usuarios de redes sociales, entre los que me encuentro yo como también imagino que se encuentra usted (ya que probablemente ha accedido a la lectura de este artículo por tener mi amistad en Facebook), se reduce a cliquear el icono de “me gusta” cuando algo le causa placer o el emoticono de la carita enfurruñada en el caso de que el sentimiento que genera sea “me enoja”. Cuando lo del Facebook no existía y había que recurrir a mirarse a la cara para decirle a una amigo “me gusta” lo que has hecho o dicho, o por el contrario mantener la mirada para manifestarle “me enoja”, era cuando los amigos también se contaban con los dedos de una mano y también los únicos 150 contactos que se tenían se producían a la hora del recreo cuando los alumnos del colegio al completo salían al patio a expandir su frustración o libre albedrío (como deseen definirlo). Por lo que la diferencia entre el mundo analógico y el digital no queda muy lejos. ¿Qué relación emocional mantiene con las personas con las que entabla algún tipo de enlace digital?, es una de las preguntas que buscaba responder el estudio realizado en Oxford pero que al vivir como vivimos en un mundo globalizado vale de igual manera para Washington, Albacete, Villanueva de Gormaz o Segovia (como es mi caso). No sé lo que responderán los washingtonianos, albaceteños o los de Villanueva de Gormaz (cuyo gentilicio desconozco), pero como segoviano puedo afirmar que a los cuatro amigos que poseo (o creo poseer, porque ya dudo de todo y de todos), les ocurre lo mismo que a los que creo poseer en Facebook (insisto en decir creo poseer porque bastaría un clic para dejar de tenerlos como amigos). Al final ni los unos ni los otros son para siempre, del mismo modo que la amistad infantil no dura toda la vida, ni los contactos realizados por Facebook son tan superficiales.

Si no fuera porque tuve una novia a la que me ligué gracias al Facebook, diría que mi experiencia tira por tierra los resultados de tan sesudo estudio científico. Por eso yo debo ser la excepción que confirma la regla. Y ser consciente de ese dato “me gusta”, aunque el profesor universitario diga “me enoja”. Lamentablemente ya no tengo novia, por lo que tampoco tengo muchos amigos a quien recurrir para superar mi “crisis emocional”. Así es la vida, una inmensa red que no para liarnos una y otra vez.

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