VENTAJAS DE SER POLITOXICÓMANO

Cuando la cabeza me estalla, el cuerpo me pide huir. Y así lo hago. Huyo de mí mismo escapando de mi entorno. Y funciona. Nada mejor que encontrarse allá donde nadie te conozca. Es algo parecido a una abducción, pero donde tú eres a la vez el abducido y el abductor (no el músculo, sino el que abduce). Es algo similar a la sensación de faltar a una fiesta en tu honor organizada por ti y a la que te has invitado enviándote una carta certificada por correo. O algo así como hacer el amor contigo mismo y no ser capaz de llegar al orgasmo por falta de interés. Si en el primer párrafo he dicho que huir de uno mismo funciona, ahora digo que no, que realmente la huida es un desastre. Por eso me sigue estallando la cabeza, porque en la contradicción ningún método es infalible y cada regla confirman la excepción, ¿O era la excepción confirma la regla? Menudo lío que tengo. Es evidente que tengo la cabeza a punto de explotar. Puede que lo mejor sea directamente prenderle fuego a todo. Empezaremos por pensar en el material más inflamable para hacerlo. Gasolina… alcohol… eso, eso, alcohol, probemos con el whisky a ver si arde tan rápido como dicen. El caso es que después de dos horas esparciendo alcohol por todo mi organismo interno, llevo casi una botella encima y en mi cabeza aún no consigue arder nada, aunque el estómago sí que me quema un poco, pero deben ser los tres Orfidales y cuatro Tepazepam que he tomado para cenar, que nunca me sentaron bien. Ahora no sólo me va a reventar la cabeza, sino que también me estalla el estómago, vamos de mal en peor. Más que estallarme he conseguido que esté del revés. Sigo echo un lío. Con lo que queda de alcohol, ya no sé si regar las flores para que ardan también o dárselo al canario para que cantemos juntos el “Asturias patria querida” que es lo que se suele cantar para ensalzar la amistad entre los amigos que se acaban de conocer y estrechar lazos con una tierra que miles de personas visitan cada año, entre las que no me encuentro por supuesto. Y hablando de viajar, puede que un viaje sea la mejor opción para huir de las contrariedades cotidianas de la vida. Pensaré en un lugar donde no me conozcan y nadie tenga oportunidad de juzgarme por lo que digo, hago, no dijo o dejo de hacer. ¡Qué gran idea! Marcaré el móvil de mi “dealer” para que me traiga lo más fuerte de tenga. Creo que un largo viaje es lo que mi cuerpo necesita para huir, aunque lo que me traiga después me haga estallar la cabeza.

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