YA NO

Ya no contestas mis llamadas. Ni respondes a los emails que te envío día sí y día también, y por la mañana sí y por la tarde también. Ya no me escribes mensajes de Whatsapp revelando con tan sólo tres emoticonos lo feliz que eras a mi lado y sobretodo lo feliz que eras estando delante de mí (casi siempre a cuatro patas). Ya no compartes en tu perfil de Facebook y con los más de dos mil amigos que tienes ninguna de nuestras fotos tal y como hacías antes para mostrar el momento de inmenso gozo que te invadía. Ya no te haces la encontradiza al salir del trabajo y pasar “casualmente” delante de la puerta de mi oficina a la misma hora que salgo yo también de trabajar. Ya no frecuentas los restaurantes que frecuentábamos cuando estábamos juntos. Ya no sales por las noches a los mismos bares a tomar tus dos gin-tonics como solías hacer cada viernes y cada sábado conmigo de la mano. Sé que es así porque he preguntado a los camareros y todos me han dicho que ya no saben el tiempo que no te ven. Ya no vas con tus amigas a tomar café los domingos por la tarde a la cafetería de siempre. También lo sé porque también les he preguntado a ellas (a tus amigas) y me han respondido exactamente lo mismo que me respondieron ellos (los camareros). Ya no haces “footing” o “running” o como coño se diga cada domingo al amanecer para estar en forma, ni haces el mismo recorrido que hacíamos el uno al lado del otro (diez kilómetros, ni más ni menos). Reconozco que yo corría a tu lado (mejor dicho detrás de ti) porque estaba colado por ti y también por verte vestida con ese pantalón corto tan ceñido y pegado a tu culo que parecía una segunda piel. Y que conste que también lo hacía para poder ducharnos juntos y aún jadeantes terminar la sesión de “running” con más “running” mientras sentíamos el agua tibia golpeando nuestros cuerpos sudorosos. Ya no respondes a mis llamadas telefónicas porque sé que has cambiado de número y de compañía. Aunque también pienso que tu nueva compañía, es otra diferente además de la del teléfono. Por eso no respondes. Por eso, y porque a tu nueva compañía le dices a todo que sí del mismo modo que a mí me dices a todo que ya no. Y no dejo de preguntarme por qué ya no es nada como era antes. Será porque lo que sentíamos el uno por el otro y concretamente tú por mí, sencillamente “ya no”.

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