ADIÓS VERANO, HOLA SEPTIEMBRE

He leído por ahí que el ser humano es el único animal de todos los animales del planeta animal que habitamos que no enseña los dientes como muestra de agresividad o como argucia para intimidar frontalmente a su posible enemigo, sino que lo hace por motivos completamente opuestos, es decir, en señal de alegría. Salvando las distancias con nuestros familiares los primates, que también lucen dentadura para mostrar felicidad (lo que demuestra nuestro inequívoco parentesco), he de reconocer que esta característica diferenciadora no la explotamos lo suficiente a lo largo de los minutos del día que conforman nuestra existencia. Pero como decía María Jiménez: “¡Se acabó!”. Tras dos meses apartado del mundanal ruido digital en el que comparto con ustedes mis inquietudes, he decidido regresar con la clara intención de sacarle a usted, querido lector y lectora, una sonrisa con la lectura de cada uno de mis artículos. De este modo, usted descubrirá por sí mismo que tiene más de humano de lo que imagina (o de primate, según se mire ) y que yo tengo más sentido del humor que sentido del ridículo (igual que los primates, insisto). Este cambio de actitud es consecuencia del síndrome post-vacacional que afecta a todos por igual. Es decir, durante el periodo estival y con el objetivo de recargarnos de energía, nuestra mente se olvida de todo y de todos. Los empleados asalariados se olvidan de su jefe, los niños en edad escolar se olvidan de escribir, los universitarios de estudiar, los políticos de gobernar… incluso yo mismo he olvidado quien soy, y por eso he decidido ser otra persona a partir de ahora. Después de dos meses en los que he escrito menos palabras que un follower en el Twitter de Rosa Díez y he dormido más que un parlamentario de Esquerra Republicana en el debate sobre el estado de la nación, he llegado a la conclusión de que reír es el mejor antídoto para afrontar las posibles dificultades cotidianas (tanto las provocadas por nosotros como las que generan otros y nos golpean de lleno como un bofetón de Muhammad Ali, que en gloria esté). Y como la vida comienza cada año en el mes de septiembre, nada mejor que recibir las dificultades con una sonrisa. Estoy decidido a sonreír más que Miss Mundo en el día de su coronación, más que un actor en el spot publicitario de una clínica dental, más que una familia en una foto de familia de un banco de imagen, más que una novia en el día de su boda y aún más que la misma novia en la noche de su despedida de soltera. No piensen que lo hago por propia voluntad, sino forzado por la realidad de las circunstancias.

Cuando termina el verano, la mayoría de la población afronta la llegada del mes de septiembre con las pilas puestas. Pero a mí me pasa todo lo contrario, no sólo me quedo sin batería, sino que además estoy sin cobertura. Cuando llega el uno de septiembre me siento como el indicador de cobertura de la pantalla del móvil, con sólo una rayita. Y claro, para hacer frente a la nueva temporada con energía tengo que esnifármela. Es la única manera de empezar con ánimo suficiente para escribir artículos como éste y sacarles a ustedes una sonrisa, aunque sea muy pequeña. La misma sonrisa que te deja una rayita y saber que aún estás conectado a este mundo. Feliz regreso.

 

 

 

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