ME DESCOJONO

El título de este artículo lo dice todo. Adelanta el tema de fondo y desvela el tono de la forma. A los lectores y lectoras que suelan disfrutar de la lectura, les garantizo que además de leer, obtendrán una sonrisa. Y a quienes les guste reír por reír como si estuvieran escuchando el programa de radio Hablar por hablar, también les gustará, pero no les garantizo que de ahora en adelante también les guste leer.

El tema de este artículo en cuestión es el sentido del humor. Después del sentido del olfato, del gusto, de la vista, del tacto y del oído, el humor es el sexto de todos ellos. Los hay que piensan que el sexto sentido es una película cojonuda (que lo es) y también los hay que creen que el sexto sentido es el sentido común. Pero si el sentido común es el menos común de los sentidos, considero que el pódium número 6 corresponde por derecho al sentido del humor. Porque además, no conozco a nadie a quien no le guste reír. Bueno sí, al Ministro de economía cuya vida sólo tiene sentido si hay dinero de por medio (o por delante, o por debajo de la mesa, o metido en un sobre) y es lo único que consigue arrancarle una sonrisa (y con razón, no te jode, yo también sonrío cuando veo en mi cuenta el ingreso de la nómina).

A lo que iba, que el sentido del humor no es otra cosa que una demostración pública de la felicidad que se siente cuando se es consciente de lo absurda que es la vida y en la que sólo cabe la sonrisa para soportarla cada día. Como aquel que fue condenado a muerte un lunes y en el patíbulo con la soga al cuello exclama: “¡Bonita forma de empezar la semana!”

Si la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, la distancia más corta entre dos personas es el sentido del humor. Lo sé por experiencia, y ustedes también lo saben porque cuando les hago reír con mis artículos, las entradas al blog suben como la espuma y en cambio cuando les hago pensar sobre un asunto en concreto bajan más que el índice de popularidad de María Dolores de Cospedal después de una rueda de prensa en diferido. Y hablando de excelentes políticos (ironía), Winston Churchill decía que el humor es una cosa muy seria. Para mí lo es, porque con el paso de los años estoy perdiendo vista y perdiendo oído. Por eso me niego a perder el sexto sentido que proporciona el gusto de reírse con tacto de todo y de todos, empezando por uno mismo. Y porque considero que es algo muy serio, me obliga a huir de los tipos serios que son esa clase de personas que nunca dicen nada gracioso, ni se ríen de las gracias de los demás y sólo respetan, curiosamente, a su graciosa majestad (que ya me dirás tú qué sentido tiene). El humor nos une. Ya lo decía la gran Mafalda: “No dejes para mañana la posibilidad de endosarle a otro lo que tengas que hacer hoy”.

Ahora en serio, reír es la única manera de soportar esta mierda de vida. Porque como dice el refrán: “El humor es como cambiar los pañales a un bebé: no resuelve definitivamente los problemas, pero hace más agradable las cosas por momentos”.

Espero haberles sacado una sonrisa, o mejor dos.

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