ODIO LOS LUNES

–Por la obligación innecesaria de madrugar más de la cuenta. Por comerme un atasco de tres pares de narices formado por coches en los que sólo va una persona. Por soportar en el metro el sudor de quien no ha tenido la decencia de ducharse por la mañana. Por tener que oír nada más llegar a la oficina las conversaciones de las madres primerizas con los detalles referentes a pañales y vomitonas de sus bebés lactantes. Por aguantar las miradas lascivas del compañero de cubículo. Por los 345 emails que tengo por contestar y los 52 que entran cada hora. Por tener que escuchar la borrachera que se cogieron los veinteañeros becarios el sábado por la noche y la continuación de su fiesta el domingo por la mañana. Por las reuniones de estatus que empiezan a las diez y media en lugar de a las diez y terminan a la una en lugar de a las doce. Por el café de máquina con “efecto bífidus”. Por los teléfonos que suenan y nadie contesta. Por el whatsapp de mi madre que me obliga contestar diciéndole que no puedo contestar porque estoy en la reunión de estatus. Por la halitosis del conserje del edificio. Por los tacones que me hacen ampollas en el juanete. Por la lluvia que me eriza el pelo después de haberme pasado la tarde del sábado en la peluquería y haber aflojado 65 euros de vellón. Por el táper con la paella que sobró del día anterior e hizo mi suegra con la intención de meterla en un táper para que me lo llevara. Por el suspenso en matemáticas, inglés y gimnasia de Andresito. Por el suspenso en ciencias naturales y lengua de Anita. Por las preguntas indiscretas de la que dice ser mi mejor amiga. Por el reúma de mi padre que lleva postrado en cama dos años y medio. Por la nueva secretaria y sus piernas sin celulitis que enseña a media oficina bajo su minifalda semitransparente. Por el ascensor que está averiado, otra vez. Por el diseño antiergonómico de las sillas de oficina compradas de saldo a los de la oficina de al lado que han tenido que cerrar por la crisis. Por la crema hidratante comprada en el chino y que da alergia. Por bajar a la calle a fumar un cigarrillo y subir con un resfriado. Por repetir el informe que corregía otro informe anterior sobre los excelentes resultados de las acciones emprendidas por la competencia. Por el Excel, el Outlook, el Power Point, Bill Gates, Steve Jobs y su puta madre. Por sólo esto odio los lunes.

–Pero cariño mío, si hoy es jueves.

–Para mí siempre es lunes cada vez que te miro a la cara.

 

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