VIGOREXIA MIX

Motivation Mix, Electro Workout, Running Power, Adrenaline Remix, Pumping hits, Electro Hipters Up, Endorphin Rush, High intensity Training Tracks… son sólo algunas de las listas de éxitos que propone la red social “Spotify” para escuchar mientras haces flexiones, inflexiones, genuflexiones y todas las flexuosas formas que es capaz de adoptar la silueta humana.

Desde que estoy inscrito en el gimnasio de mi barrio, veo todo diferente instalado el atalaya de la vigorexia. He sustituido la escucha de las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach por el Bass Rayders Remix de Brooklyn Bounce, y el I’ve got you under my skin de Cole Porter por el Max Kinscheck Remix interpetado por Killah Swagger, que por cierto tiene más visitas en Spotify que cualquier canción del compositor norteamericano en toda su historia musical.

La cita latina “mens sana in corpore sano”, proveniente de los poemas satíricos el poeta romano Décimo Junio Juvenal, tiene más vigencia si cabe en pleno siglo XXI que en el siglo II cuando fue compuesta. No deja de ser satírico que para mantener el cuerpo sano haya que renunciar a la belleza de Bach o a la sensibilidad de Cole Porter. Me pregunto dónde irá a parar la “mens sana” cuando el “corpore sano” supere en salud a la “mens”.

Si para calmar mi ánimo y hallar la paz interior antes de inscribirme en el gimnasio era suficiente con recurrir a la audición del disco entero Birth of the cool de Miles Davis, ahora con los tres minutos y medio que dura la canción Heartbreak on hold de la cantante Alexandra Burke alcanzo el estado idóneo. Rodeado de mancuernas, elípticas, “steps”, bancos de musculación y otros artilugios de tortura física, el gimnasio es el lugar óptimo en el que ni el ánimo ni la paz tienen cabida, más que nada porque todo está copado por la adrenalina, la catecolamina, la dopamina y todo lo que acabe en “ina”, incluyendo a la cantante pop Inna, que es número uno en todas las pistas de “Body Pump” de todos los gimnasios del planeta tierra.

La diferencia entre Miles Davis y Alexandra Burke reside en que al primero se le escucha sentado en el sofá sorbiendo una copa de whisky de Malta con unas gotas de limón exprimido y a la segunda se la escucha exprimiéndote la masa muscular a base de abdominales e hipopresivos.

Las estadísticas dicen que el 90% de los inscritos en un gimnasio no dura más de tres meses. No me extraña. Si pusieran por megafonía a Cole Porter estoy convencido de que nadie se daría de baja ya que la “mens sana” y el “corpore sano” estarían en perfecto equilibrio. Que para eso se va al gimnasio, digo yo, ¿no?

Les dejo que tengo clase de running o footing o como cojoñes* se diga ahora lo de salir a correr por ahí.

* Por cierto, no busquen en el diccionario la palabra cojoñes porque me la acabo de inventar.

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