ABSTENCIÓN SÍ, ABSTENCIÓN NO. HE AHÍ LA CUESTIÓN

Nunca he llegado a saber la razón que existe tras la sinrazón. Tampoco sé con total certeza si cocreta y croqueta son la misma cosa o cuál de las dos palabras es la correcta. En el bar de la esquina al que suelo acudir con relativa frecuencia (concretamente a la hora del aperitivo), suelen poner de tapa una croqueta tras haber pedido una caña de cerveza. El camarero sirve la caña siguiendo la orden del cliente, pero la cocreta viene de serie con la bebida aunque en lugar de una caña hayas pedido un gin-tonic. Digo cocreta en lugar de croqueta porque al primer mordisco tu paladar espera encontrarse el sabor de una croqueta con lo que toda croqueta suele llevar, pero en el instante en el que las papilas gustativas comienzan a descodificar los ingredientes, es cuando descubres que la croqueta no es croqueta sino cocreta. Podíamos usar la misma razón (o sinrazón) para las albóndigas, que de repente mutan en almóndigas, o la mayonesa que pasa a ser bahonesa por arte de magia. La sinrazón es lo que conduce a un cocinero a transformar la ensaladilla rusa en ruleta rusa debido al peligro para la salud que supone ingerir el ecosistema bacteriológico surgido bajo la costra de mayonesa. Por eso, como cliente, es mejor no saber lo que se cuece en la cocina antes de sentarse a la mesa. Ojos que no ven, corazón que no siente. Creer que lo que te metes en la boca es una cosa y luego resulta ser otra, es el mejor modo de irse al otro barrio. Puede que no llegues a levantarte de la mesa del infarto de miocardio o si lo haces, es para acudir directamente al cuarto de baño a expulsar por cualquier orificio corporal lo que el cuerpo ingirió minutos antes de modo intolerante.

Se estarán preguntando ustedes ¿a qué viene todo este juego de palabras y toda esta empanadilla de metáforas gastronómicas? Pues todo esto viene a colación del guirigay montado últimamente en la sede del Partido Socialista Obrero Español con el tema de la “abstención sí/abstención no” de sus dirigentes o varones o lideresas o como ustedes deseen llamarles (aunque algunos les han llamado otras cosas más fuertes). La sede del PSOE de la calle Ferraz de Madrid ha sido por unos días un bar de tapas donde el camarero de turno tan pronto te ponía una cocreta como una almóndiga cuando levantabas el brazo para pedir algo. Muchos de los allí reunidos se han dado cuenta de los ingredientes de la tapa una vez que la han tragado y alguno que otro ha tenido que ingresar en cuidados intensivos por la ingesta (e indigestión) de ensaladilla rusa debido al mal estado de la mayonesa servida.

Es lo malo de no ver lo que se cuece en la cocina política antes de ir a votar, que después de las elecciones, las siglas de los partidos terminan siendo una macedonia de letras (e intereses personales) que los ciudadanos tenemos que masticar como buenamente podemos. Ellos creen que tenemos 4 años para hacer la digestión, pero muchos nos cagaremos por la pata’bajo cuando haga efecto la legislatura en nuestro organismo.

Todo en política es una vicisitud (¿o se dice visicitud?).

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