SAN HONESTO

Mirando el santoral del calendario que cuelga de una chincheta de la pared de mi cocina, descubro que hoy es San Honesto. Como palabra, honesto es un adjetivo que define un comportamiento y actitud ante la vida. Y como Santo, Honesto es el patrón salvador de la corrupción, defensor de la verdad y protector de la mentira y también de las “mordidas” (entendiendo por “mordida” el provecho o dinero obtenido por un particular, funcionario, o empleado público abusando de las atribuciones de su cargo o como fruto de cohecho o soborno. Y no entendida como el acto o gesto realizado para despedazar el alimento antes de ser ingerido, tal y como hacen las hienas, por ejemplo).

Supongo que usted mismo, o algún conocido, amigo o familiar deba su nombre de pila al santoral del calendario. Hace no mucho, en el pasado siglo XX, era común y corriente recurrir al santo, santa, virgen o apóstol del día para nombrar al recién nacido que venía al mundo. Si te encuentras con una Claudia de más de 20 años por la calle, puede que no sepas nada de su vida, pero habrá grandes probabilidades de que haya nacido en el mes de marzo (concretamente el día 2o) y si su nombre es Alfonso, que sepas que el día 1 de agosto es su onomástica.

Si no recuerdas el cumpleaños de tu jefe Cecilio y quieres impresionarle, cuando llegue el primer día de Febrero, felicítale por si acaso. Puede que no aciertes de pleno, pero habrás demostrado interés por él, lo que será tenido en cuenta cuando llegue la paga extra de Navidad en Diciembre y que te vendrá muy bien por ser el mes de tu cumpleaños si te llamas Eloy, o Bibiana, o Francisco Javier, o Bárbara, o Elisa, o Nicolás, o Ambrosio, o Inmaculada, o Leocadia, o Loreto, o Dámaso, o Guadalupe, o Lucía, o Juan, o Valeriano, o Adelaida, o Yolanda, o Irma, o Eva, o Teófilo, o Tomás, o Demetrio, o Victoria, o Adela, o Natividad, o Esteban, o Víctor, o David, o Raúl, o Silvestre.

No comprendo cómo en pleno siglo XXI los padres de hijos nacidos el 28 de noviembre deciden no recurrir al santoral para escoger el nombre de su hijo. Con lo bien que quedaría llamarse Honesto. Con ese nombre, los niños tendrían el futuro garantizado, llegarían muy alto en la vida. Tan alto como quisieran. Incluso podrían a ser presidente del Gobierno de España, aunque no estén cualificados ni posean formación, ni educación, ni estudios, ni idiomas, ni saber estar, ni sensibilidad, ni nada de nada. Todo lo que hagan, por el simple hecho de llamarse Honesto, haría honor a su nombre. Por ejemplo, cuando alguien pregunte quién ha aumentado la desigualdad en los últimos años, todos responderán “ha sido Honesto”. Cuando los ancianos reclamen un aumento en su pensión y busquen quién ha decidido congelarla, la respuesta que recibirán será: “ha sido Honesto”. Cuando en Europa quieran conocer al que ha dejado España a la cola de todo, el responsable se puede presentar diciendo: “soy Honesto”.

Llamarse Honesto tendría más importancia que llamarse Ernesto, o María Dolores o Soraya. Pero la culpa es de los padres. Con lo bien que hubiera quedado llamar a su hijo Honesto, en lugar de Mariano. Así es imposible creer lo que sale de su boca cada vez que la abre. Qué país.

 

 

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