LIBERTAD, LIBERTAD, SIN IRA LIBERTAD

Algunos de mis lectores sugieren subrepticiamente temas sobre los que redactar un artículo. Los hay que me piden que escriba sobre la religión, otros que escriba sobre política y otros sobre fútbol. También los hay que solicitan una reflexión relacionada con el consumo de productos transgénicos frente al cultivo orgánico, o sobre el maltrato animal versus la defensa de los animales. Los hay protaurinos y antitaurinos, progresistas y anticuados, problemáticos y antisistema, proesto y antilootro.

Son muchas las ofertas recibidas para redactar un artículo sobre lo que ellos desean que opine, siempre y cuando lo que opine sea lo que ellos opinan. Tengo la sensación de que lo que realmente desean es ver en mi boca palabras suyas. Sin embargo, a todos ellos y con otras buenas palabras aprendidas tras años de recta educación, les digo que no, que no y que no. Aún así, no se rinden. Al poco tiempo de haber sido rechazados por mi parte, regresan con su erre que erre para que escriba sobre lo que desean leer. Para eso ya están los medios de comunicación de masas, les argumento. Los que leen el periódico ABC, lo hacen porque desean sentir que un periodista les acaricia la pupila con una línea editorial acorde a su ideología, estilo de vida y modo de relacionarse. Supongo que lo hacen porque se identifican entre sí con la manera de tratar a los que no son de su especie o misma clase pudiente, y opinan distinto ante cualquier aspecto del entorno que les rodea y amenaza su rancia comodidad alcanforada.

Por otro lado, quienes escuchan la cadena SER, lo hacen para notar en sus tímpanos la dulce voz de un locutor o locutora que les diga al oído qué pensar y luego reproducir a pies juntillas en la oficina o entre amigos cuando surje el tema de conversación del que habló previamente el/la periodista de turno. Y así sucesivamente con otros soportes y medios de masas que no voy a mencionar por falta de tiempo y ganas de hacerlo.

La ventaja de la independencia que poseo y disfruto como articulista digital es que puedo decir lo que pienso sin dar explicaciones a nadie. Además puedo rechazar a quien me sugiera manifestar su opinión cercana o lejana a la mía, todo lo contrario a lo que hacen los grandes grupos de comunicación en la sección “cartas al director”. Y por añadidura, no me siento obligado a pedir disculpas por lo que sale de mi boca, ya que nadie me paga por ello salvo en forma de palmaditas en la espalda y siempre acompañadas de unas afectuosas palabras.

La desventaja de la independencia, por otro lado, es que al decir lo que pienso, no sé si estoy participando en la construcción de una sociedad más librepensadora o por el contrario me convierto en un habitante de “una aldea poblada por irreductibles galos que resiste todavía y siempre al invasor” (René Goscinny dixit).

Ante la dicotomía que se me presenta, siempre optaré por la segunda opción y por la única razón que conozco para no estar del lado de nadie, es decir, siempre fui más de Astérix y Obélix que de Julio César.

Como conclusión diré que aunque el genio de los Monty Phyton nos recordó todo aquello por lo que deberíamos estar agradecidos al invasor romano, quienes disfrutamos de la libertad somos los que no dependemos de nada ni de nadie, y aún así, somos felices. Será por culpa de la poción mágica, no sé.

 

 

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