LO QUE POSEES, TE POSEE

No es lo que tienes, es lo que representa tenerlo. Mostrar una estantería repleta de libros puede indicar para algunos que eres una persona culta. Para otros, en cambio querrá decir que dispones de tiempo suficiente para disfrutar de la lectura. Y la inmensa mayoría de humanos interpretará que eres un snob porque casi nadie en este mundo es una persona culta, dispone de tiempo suficiente para disfrutar de la lectura y mucho menos posee una casa propia con una estantería de maderas nobles donde ir colocando uno a uno los libros que se van leyendo.

Por esa razón, el acto de leer, a día de hoy está considerado una actividad fuera de lo común. Se encuentra tan fuera de lo común que resulta misión imposible cruzarse con alguien por la calle con un libro entre las manos. Más sencillo es dejar de lado al intelecto y dedicar la materia gris que viene insertada de serie en el cráneo desde nuestra concepción y emplearla en cotillear el Facebook, enviar mensajes por Whatsapp o escribir sin usar lapicero frases que no sobrepasan los 140 caracteres, o lo que es lo mismo, no profundizar en lo que se dice. He llegado a contabilizar en numerosas ocasiones y a numerosas personas el uso simultáneo de tres cuatro dispositivos móviles al mismo tiempo. No es un caso aislado. Basta con ser pasajero de tren AVE para darse cuenta que la inmensa mayoría de viajeros compagina el uso de ordenador portátil con el de una tablet y un teléfono móvil. Algunos incluso son capaces de manejar con las dos manos que nos ha dado la evolución humana todos los dispositivos, tanto para escribir un correo electrónico como para responder a un Whatsapp, clickear un “me gusta” de Facebook y conversar por teléfono. Y todo ello, tratando de ingerir alimento sólido vía oral en forma de sándwich de Rodilla al mismo tiempo.

Táchenme de agorero, antiguo o desfasado, pero el significado de libertad a día de hoy se reduce a la mínima expresión. Casi tan mínima como el último modelo de Apple-Watch. Aunque pensándolo bien, la embaucación también me salpica a mí, ya que este artículo sólo es legible en dispositivos electrónicos, ya sean móviles o inmóviles. Al final, todo el mundo pertenece a algo. Y ese algo a día de hoy se llama tecnología. No somos nadie.

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