MENTIR NOS HARÁ LIBRES

Me cuesta mucho disimular. Lo reconozco. Soy incapaz de mentir sin que se me note. Ya de niño en lugar de soltar una mentira, me inventaba una historia para justificar no haber hecho los deberes del colegio. El relato funcionaba delante del profesor y sobretodo, delante de toda la clase. Puede que por esa razón me dedicara lustros después a hacer anuncios para televisión, que no es otra cosa que contar historias para que otros se las crean. También me resulta imposible ocultar la verdad, porque a decir verdad, la mentira siempre asoma y eso no va conmigo. Puede que por esa razón decidiera también lucir la calvicie que ya asomaba antes de llegar los 30 y hacer frente a quienes me aconsejaban todo tipo de ungüentos para conservar lo que temprano terminaría cayendo por su propio peso. Tampoco soy de los que guste presumir, porque tal y como dice el refrán, “dime de qué presumes y de te diré de qué careces” y, francamente, tampoco me gusta que me digan lo que debo o no debo tener, especialmente cuando quien me lo dice no posee credibilidad ni ofrece un ápice de confianza.

Sin mentir, ni ocultar la verdad, ni presumir de nada, he llegado a donde estoy ahora. Aunque estoy seguro de que mintiendo, ocultando la verdad y presumiendo también hubiera llegado a otro sitio. No sé si mejor o peor, pero estoy convencido de que sería diferente al que me hallo en este preciso momento. Tampoco sé si las amistades serían las mismas o si podría confiar en ellas como confío en las que tengo hoy. Lo que sí puedo afirmar con rotundidad es que todo lo que hice y del modo en el que lo hice, me ha conducido hasta aquí, y por ahora, es el lugar y el momento en el que también estás tú como lector/a. Por eso lamento que todo aquello que hice o dejado de hacer haya retrasado nuestro encuentro.

Llegados a este punto, sólo podemos hacer dos cosas. La primera, hacer como si nada de lo que ha pasado hubiera existido. O, todo lo contrario, pensar que lo pasado no va a afectar a lo que hagamos de ahora en adelante.

Puede que me dé por mentirme a mismo, o por ocultarme la verdad, o quizá por presumir de quien no soy. Y si lo hago, lo haría por volver a ser el que era antes. Aquel que un día te contó una historia para no dejarte marchar y no quisiste creer porque pensabas que estaba disimulando. Con el esfuerzo que me cuesta disimular. Qué gran mentira es la vida.

 

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