QUIEN TIENE UN AMIGO, TIENE UN TESORO

 

Soy de letras más que de números, aunque a veces monte el número cuando no me salen las cuentas. Lo poco que sé de matemáticas lo aprendí en el colegio, y lo que sé de aritmética me lo enseñó la vida.

En el colegio nos decían que dos y dos son cuatro, y después aprendimos que dos y dos pueden ser cinco si la sinergia se mete de por medio. Para quienes no sepan lo que es la sinergia, les explico. Es una amiga que va por ahí metiéndose en medio de las cosas y haciendo que parezcan más de lo que parecen o sean más de lo que son. Desde un punto de vista pragmático (o copiando la definición de la Wikipedia, que es más sinérgico todavía), “se entiende que hay sinergia positiva cuando el resultado es superior a la suma de los resultados de cada elemento o de cada parte actuando aisladamente”. Esta definición tan prosaica se resume de modo simple con el aforismo que dice: dos y dos no son cuatro sino cinco.

En la vida real, nunca he llegado a ver un duro obtenido por la suma de cuatro pesetas del mismo modo que tampoco llegué jamás a ver un billete de 500 euros con la llegada del Euro (creo que los han retirado del mercado para evitar el blanqueo de dinero, o eso me han dicho). Por lo visto, en lugar de quitar de en medio a los blanqueadores, es más fácil quitar los billetes. Si no hay cadáver no hay asesino como diría el inspector Colombo.

En el mundo en el que vivimos hay tres tipos de personas: las que saben contar y las que no. Yo soy de los segundos. Así es la estadística. No por decir que hay tres tipos de personas se quiere decir que la totalidad haya que dividirla en tres partes proporcionales. Basta con que haya un 1% en uno de los lados para que la balanza se desequilibre, no mucho, pero algo hará.

La aritmética de la vida tiene consideración de ciencia, aún sabiendo a ciencia cierta que nunca se acierta en la vida. En cambio, los números son los que hablan por sí mismos. En ellos reside la razón y la verdad verdadera. “Los números no mienten” me dijo el director de la sucursal bancaria para negarme el crédito con el que montaría mi primera empresa. “Los números cantan” me dijo el segundo director de la segunda sucursal bancaria a la que acudí a solicitar un préstamo para montar la misma propia empresa. “Los números hablan por sí solos”, insistió el director de la primera sucursal bancaria para reiterar su negativa a la concesión del crédito tras analizar mi capacidad de endeudamiento.

Después de tanta negativa y tanto “numerito” bancario, decidí prescindir de los dígitos y volcarme de lleno en las letras. Con ellas ahora construyo palabras, frases y párrafos con los que termino elaborando un artículo que posteriormente regalo a ustedes sin exigir ningún aval. Si tuviera que construir sumas y multiplicaciones, en lugar de figuras retóricas, estoy seguro de que no tendría lectores ni tampoco amigos. Porque los amigos se consiguen con palabras, aunque muchos prefieran comprarlos con cifras y se hipotequen de por vida con tal conseguir la amistad con el interés más bajo del mercado.

 

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