S.O.S.

S.O.S. es la señal de socorro en transmisión Morse más conocida a nivel internacional. Comenzó a usarse a comienzos del siglo pasado y desde entonces ha servido para acudir al rescate de barcos como el requetefamoso transatlántico Titanic o el menos famoso Lusitania (y no por ello menos desgraciado) que acabó en el fondo del mar tras ser torpedeado en la Primera Guerra Mundial.

Los que saben de ayudar a los demás, dicen que las tres letras S.O.S. del alfabeto Morse significan Save Our Souls (salvad nuestras almas). Otros, menos espirituales y más pendientes de lo material, dicen que significa Save Our Ship (salvad nuestro barco). Tanto los unos como los otros tienen su parte de razón. Al final, es necesario acudir en socorro de quien demanda ser ayudado. Eso quiere decir que nuestro espíritu humano es generoso por naturaleza, ya sea para recuperar vidas o recuperar objetos.

En la convivencia diaria de la relación emocional y afectiva de pareja sometida a los vaivenes del destino como lo están los barcos en alta mar, también se producen naufragios en los que el alfabeto Morse tiene más interpretaciones. Los que tienen alma servicial, responden diligentemente a la primera llamada de auxilio, más por salvarse a sí mismos que por salvar vínculo alguno. Conocedores de que la relación ajena hace aguas por todas partes y que su hundimiento es inminente, también los hay que acuden al rescate si algo hay que rescatar. Frente a éstos, están los que saben que es cuestión de tiempo que las emociones inunden de lágrimas cada rincón del corazón y por ello se lanzan por la borda a la primera oportunidad, tal y como hacen las ratas que son las primeras en abandonar el barco cuando las aguas superan la línea de flotación. Y si pueden llevarse por delante (o bajo el brazo) a los niños, la casa, el coche o el apartamento de veraneo en Torrevieja-Alicante, mejor que mejor.

Cuando mi novia se lanzó por la borda viendo que nuestra relación se iba a pique tras colisionar con un sentimiento de inseguridad del tamaño de un iceberg de cinco pisos, abrazó al primero que llegó tras haber escuchado su S.O.S. Y lo hizo sin pararse a pensar si se trataba de otro barco con grietas en el casco producto de dos divorcios, si tenía la maquinaria oxidada por el paso del tiempo o si llevaba una carga en la bodega en forma de dos hijos (uno de cada anterior matrimonio). Simplemente ella se subió a bordo mientras el buque de nuestra relación desaparecía engullido por las gélidas aguas de lo que se había convertido nuestro amor. Fui el último en abandonar la nave, y aún no pierdo la esperanza de que alguien me rescate de las aguas de un océano de soledad.

De esto han pasado tres años y medio, y aún sigo amarrado al flotador que encontré nadando hacia una orilla que soy incapaz de distinguir por culpa de los recuerdos que nublan mi vista. Por eso no dejo de enviar por el móvil mensajes S.M.S. (Save My Soul). Pero me temo que nadie conoce el lenguaje Morse, o será que estoy definitivamente fuera de cobertura.

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