LOS MISERABLES 2.0

Con este titular pensarán que hablaré de la obra maestra del escritor Víctor Hugo, pero no. Voy a hablarles de otro escritor y otra obra, que si no es maestra, al menos nos enseña las pocas bondades de las redes sociales y las muchas maldades de la condición humana (como también hizo Victor Hugo, por cierto).

El libro, escrito por el periodista Juan Soto Ivars, lleva por título, “Arden las redes”. En él da un repaso a los polémicos casos más notorios de escarnio público por decir lo que se piensa (o por decir sin pensar lo que se dice, que también puede ser).

El autor murciano subtitula su acertado análisis con la frase “la poscensura y el nuevo mundo virtual”, realizando una analogía entre la vieja censura fascista de los años grises del franquismo y la nueva censura del pálido fascismo digital.

Tuve la oportunidad de conocer a Juan Soto Ivars en una entrevista que le hice en la radio del Círculo de Bellas Artes de Madrid allá por el año 2008. En aquellos años casi nadie era capaz de intuir la repercusión de las redes sociales, pero al menos quise ver en aquel joven veinteañero un brillo especial que hoy me ha traído a hablar de su deslumbrante último libro.

“Arden las redes” pone en negro sobre blanco la influencia (casi siempre para mal) de las críticas lanzadas por miles y miles de personas anónimas sobre otra persona anónima (o no) que ha manifestado su opinión en 140 caracteres (a veces incluso menos y otras veces hace muuuuuchos años).

La libertad que proporciona vivir en un país libre es usada por algunos ciudadanos a su antojo por el simple placer de sentirse parte de una masa enfervorecida dispuesta al linchamiento, o por acariciar la epidermis rebelde de una causa sin causa, o por seguir una moda demodé, o yo qué sé que excusa más.

Soto Ivars ilustra su libro con el caso (entre otros) del exresponsable de cultura del Ayuntamiento de Madrid Guillermo Zapata (quizá Madrid perdió un excelente gestor cultural), el caso de la psicóloga María Frisa (quizá la educación perdió una excelente oportunidad para debatir sobre un problema social importante para miles de familias) o el caso del profesor Vicent Belenguer quien por manifestar una opinión personal (algo bestia, todo hay que decirlo) sobre el mundo taurino, además de ser despedido de su trabajo, también ha desaparecido del mapa mundi que antes enseñaba en la escuela (y seguramente con elevada vocación profesional).

El libro de Soto Ivars es un gran libro que todos los usuarios de redes sociales deberían leer al menos si son capaces de leer más allá de los 140 caracteres a los que están habituados. Si lo hicieran, a lo mejor se pensarían dos veces lo de usar la libertad de expresión para linchar a la gente por decir libremente lo que piensan (curiosamente la misma libertad que les permite a ellos expresarse, aunque el respeto a la hora de hacerlo no sea tenido en consideración cuando lo hacen).

Estoy convencido de que muchos de ellos dicen burradas mayores acodados en la barra de un bar. Pero claro, allí no se exponen más que a los cuatro amigos borrachos que jalean sus improperios, y tampoco sufrirán el escarnio público al que ellos mismos someten a quien manifiesta libremente su opinión en las redes sociales. Salvo que se vayan sin pagar, claro. Entonces el camarero saldrá con toda razón tras ellos con la antorcha encendida para quemarles en una plaza pública por no abonar los cubatas. Si llegara a suceder, seguro que habrá un “pajillero de la indignación” tuiteándolo para presumir de persona inteligente. Qué mundo más raro.

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