CORAZÓN MARCESCENTE

 

He de reconocer que jamás escucho emisoras de radio que emiten música siguiendo una fórmula. Quizá por eso se llamen “Radio Fórmula” y quizá por eso mismo nunca las escucho, pero el otro día me dio por ahí. Aunque estoy seguro de que la razón que subyace a mi negativa actitud de escuchar “Radio Fórmula” tiene más de racional que de emocional: soy de letras y no de ciencias. Por eso, todo lo que tenga que ver con fórmulas me causa tanto rechazo que tengo que recurrir a otras fórmulas (las farmacéuticas) para poder sobrellevarlas.

El martes pasado en una de esas emisoras que principalmente emite sólo 40 canciones, dijeron que de entre todas las palabras que existen en el diccionario del idioma castellano, el término “corazón” es el más empleado en las composiciones líricas musicales de los guadalajareños jaliscienses componentes de Maná. Mira que hay palabras y palabros, pero el término “corazón” es su término favorito.

Si la palabra favorita del grupo Maná es “corazón”, la mía es “marcescente”. La palabra “marcescente” me fascina. No solamente por su sonoridad, que acaricia los oídos de modo más sugerente que las cursi-melodías de Maná, sino también por el significado que emerge bajo cada letra de tan bellísima palabra. El significado “marcescente” hace alusión a la hoja, el cáliz o corola de una planta que permanece seco en su lugar incluso tras haberse marchitado. La función de la hoja, el cáliz o corola de una planta en vida es de todos conocidos, pero en el caso de la planta “marcescente” es permanecer en su estado marchito hasta que la primavera hace brotar nuevamente un retoño en el mismo lugar. Es entonces cuando la hoja, el cáliz o corola se desprende definitivamente y finaliza el sentido de su vida, aunque su vida dejara de tener sentido hace tiempo. ¿Y por qué la palabra “marcescente” es mi palabra favorita?, se estarán preguntando ustedes. Porque del mismo modo que las melodías de Maná hacen latir el corazón de millones de personas en el mundo al unísono de versos poblados de la palabra corazón, el mío se encuentra en estado “marcescente” desde que la temporada pasada el amor que sentía por quien amaba quedó marchito. Puede que la próxima primavera retoñe el sentimiento y surja un nuevo amor que permita a mi corazón latir del modo en el que sólo late cuando está vivo (o enamorado, que para el caso es lo mismo).

Únicamente espero que al sentimiento que se presente y haga latir de nuevo a mi corazón no le gusten las canciones de Maná (o que de repente empiecen a gustarme a mí por su culpa, que todo puede ser.)

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