DON DE LENGUAS

Con el objetivo de ampliar las posibilidades de comunicación con el sexo opuesto (e incrementar las opciones de acabar en la cama), he decidido también ampliar mis conocimientos idiomáticos y hacerme bilingüe.

Hay un guiri que va diciendo por ahí que aprender inglés es fácil, que basta con aprender 1.000 palabras. Argumenta que habitualmente usamos los mismos términos para todo lo que hacemos o decimos, dejamos de hacer o dejamos de decir. Y que por eso, basta con memorizar un puñado de vocablos en inglés. De este modo seremos capaces de conversar con cualquier mujer anglosajona y hasta con la mismísima Queen Elisabeth II en Buckingham Palace, si se tercia (que en inglés sería: if it is third).

No sé ustedes, pero desde 6º de E.G.B. llevo intentando aprender inglés y aún me cuesta diferenciar entre kitchen y chicken. Por lo tanto, dudo mucho que el método de las 1.000 palabras sea de fiar. Aún así, como soy medio gilipollas (que en inglés sería: half moron), me he apuntado al curso “Habla inglés con 1000 palabras” previo pago por adelantado de un 60% del total de la matrícula, o sea, un ojo de la cara (que en inglés sería: one eye of the face).

Supongo que apuntarse a clases de inglés en verano tiene el mismo símil que apuntarse al gimnasio. Es decir, acudes con entereza y firme decisión el primer mes, pero son pocos quienes llegan al segundo, y ninguno los que llegan al cuarto. En mi caso, tras mes y medio de aprendizaje del idioma británico, ya sé cómo se dice cocodrilo (cocodrile), elefante (elephant), gasolina (gasoline) y así hasta 997 palabras más. Al final, aprender inglés con 1000 palabras va a ser pan comido (que en inglés sería: it is going to be bread eaten).

Lo malo del método de las 1.000 palabras es que cuando quieres decir algo con exactitud no logras expresarte como es debido porque desconoces la palabra correcta. El otro día, sin ir más lejos, fui a ceder el paso a una turista al cruzar la puerta de un restaurante y queriendo decir: “Prefiero que entre usted antes que yo”, solté en inglés: “I want you between me and the door”. Me cayó un bofetón como los que me caían en 6º de E.G.B. en clase de matemáticas, pero elevado al cuadrado. Al final he tirado la toalla (que en inglés sería: I have throw the towel) y he sustituido el método de hablar inglés con 1.000 palabras por las 1.000 abdominales del gimnasio. Si no soy capaz de seducir a una mujer con mi don de lenguas, al menos lo haré con mi atractivo físico. Espero tener voluntad para llegar al segundo mes.

Lo reconozco, soy un ignorant (que en castellano sería: ignorante).

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