FOLLAR ESTÁ SOBREVALORADO

En cierta ocasión (hace ya demasiado tiempo) le dije a una exnovia que no me apetecía follar (sí, a los hombres también nos pasa). Se agarró un rebote que lo flipas. Por suerte el enfado no le duró mucho. A los tres minutos había sustituido mis caricias por las vibraciones constantes de un consolador marca Lelo y el tamaño de mi miembro erecto por un dildo de silicona comprado en internet.

Al día siguiente por la mañana, mientras mojaba la galleta del desayuno en el café, me preguntó por qué no había querido follar con ella. No estaba de humor, respondí yo mientras añadía otra cucharada de azúcar al café. Qué raro, dijo ella. Cómo que qué raro, pregunté yo. Porque lo tíos siempre tenéis ganas, respondió ella. No sé con cuántos tíos habrás estado tú antes de estar conmigo, pero yo he estado con tías a las que no les apetecía follar a veces y nunca pensé que era una norma del género femenino, maticé tras su respuesta. Pues que sepas que a mí jamás me han rechazado, dijo ella ofendida al tiempo que sorbía sonoramente su café. Para todo hay una primera vez, dije yo airado depositando ruidosamente la taza en la encimera de la cocina. Espero que sea la primera y la última, amenazó ella levantándose de la silla. Será la primera para ti y también la última para los dos, dije yo dando un portazo. De esto ha pasado más de un año, y no he vuelto a tener noticias de ella (ni ella de mí, claro). Para que luego digan que lo que pasa en la cama, sólo se queda en la cama.

El acto sexual implica un intercambio de algo más que besos, caricias, pellizcos, mordiscos, cachetes en las nalgas y otra serie de fluidos corporales que no voy a detallar aquí y ahora. Hay días que sí, noches que también y momentos que-no, que-no y que-no.

Follar no es un deporte, aunque muchos hagan deporte para estar en plena forma para follar. No todo el mundo (entre los que me cuento) tiene la facilidad de llevarse a la cama a quien desee o tiene la oportunidad de ser llevado por quien desea que le lleve. Vivimos en un mundo donde resulta más fácil que te toque el gordo de la lotería de Navidad que alguien por Navidad decida darte un toque para hacer el amor el día de nochevieja (o cualquier otra noche del año que comienza).

Puede que sea esa la razón por la cual entre el 3% y el 5% de la población mundial no sienta nunca deseo sexual por nadie de su entorno más cercano y tan siquiera del entorno digital. Sí, ya sé que el 3% no es mucho porcentaje, pero en cifras totales son 200 millones de personas en todo el mundo, es decir, el mismo número de espectadores que vio por la tele la última edición del Festival de Eurovisión. Se supone que los que no lo vieron fue porque estaban follando. Aunque en mi caso, ni lo uno, ni lo otro.

Por cierto, ¿en qué posición quedó España? ¿Por delante o por detrás?

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